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sábado 21 de noviembre de 2009

Cómo Destruir Montevideo por 300 Dólares

Hace pocos días se conoció el video clip de la canción “Ataque de Pánico”, del grupo de rock nacional Snake. El mismo, en sólo un par de semanas, mediante You Tube se encuentró recorriendo el mundo. Aunque no tanto en su carácter de video clip...

Quizás lo más trascendente haya sido el ejemplo -sin precedentes en el país- de las capacidades de distribución que puede disparar internet: la edición de este film en su versión de corto cinematográfico, más que en la de video clip, se convirtió en un éxito de crecimiento exponencial.

Si bien el formato video clip suma más de 50.000 reproducciones desde comienzos de noviembre, la versión “corto cinematográfico” de Fede Álvarez, elaborada a partir del mismo rodaje hecho para dicho video, ha recibido críticas y citas en sitios diversos de las más distintas partes del globo (y continúa en dispersión). Recibió desde el 3 de noviembre... ¡más de 400.000 visitas en poco más de dos semanas!

Federico Álvarez (Murdoc Films) invirtió 300 dólares (y no señores, no falta ningún cero a la derecha, debe decir trescientos) y 6 meses para dirigir, animar y producir este cortometraje que en su parte fílmica se aproxima apenas a los cuatro minutos de duración.

Quizás el argumento sea lo de menos y no valga la pena ni siquiera detenerse a juzgarlo; la parte poco creíble del cortometraje es la potencia visual lograda en los gráficos para un país que es a Hollywood lo que un grano de arena es al océano. Lo más destacable es entonces la demostración de las capacidades de un creador local que desde ahora será tomado en cuenta por el mundo.

La historia:

Ingresando por la Ruta 1, Robots Gigantes (¿procedentes desde? ¿con el objetivo de?) atacan Montevideo atravesando a su ingreso la Barra del Santa Lucia. En el camino, emblemáticos edificios montevideanos como la Terminal Tres Cruces, la Torre de Antel, el Palacio Legislativo, el Palacio Salvo, van siendo destruidos. Vaya a saber uno por qué tanto enojo de robots ensañados con un pueblo pacífico, pero para el caso, eso es lo de menos. No se salvó ni siquiera el Papa Juan Pablo II en Bulevar Artigas.

No faltan las emblemáticas presencias de Artigas ni de la bandera uruguaya flameando; ni faltó a la cita el corresponsal de guerra Martín Sarthou (esta vez sin necesidad de ir a Medio Oriente, sino desde el Palacio Legislativo nomás). Ni faltó siquiera una Fuerza Aérea Digital que saliera a la defensa del paisito.

Al cierre del corto, todo lo hablado hace poco tiempo sobre el traslado o no de los restos de Artigas de la Plaza Independencia se vuelve estéril, pues es allí donde estas peculiares seres establecen su epicentro de destrucción.

Como en toda película de SciFi, no faltan las situaciones absurdas. Por ejemplo: en vez de continuar huyendo en auto, abandonarlo para huir corriendo (pasa en las mejores películas); o bien esos enormes robots que destruyen todo respetando sin embargo cada columna del alumbrado de los accesos a Montevideo... y que hasta prolijamente caminan por la angosta calle 12 de Diciembre dejándo allí todo intacto habiendo tanto por destruir! También el periodista Sarthou aporta lo suyo, casi “sonriendo” ante cámaras al presentar una situación realmente crítica que sería de “sálvese quien pueda...”

ADP (Ataque de Pánico) fue creado usando herramientas como 3ds Max, FumeFx, Glu3d y Boujou. Y Fede Álvarez ya fue contactado por su trabajo desde el exterior.

Corto cinematográfico: http://www.youtube.com/watch?v=-dadPWhEhVk Video clip: http://www.youtube.com/watch?v=r8F9Qvror6g Contacto: +5982 7120405 - adriana@aparato.tv

jueves 19 de noviembre de 2009

La Fiebre del Oro 3ra Parte
La Primer Central Hidroeléctrica de Sudamérica

La Represa de Cuñapirú

Represa de Cuñapirú, comenzó a generar en 1882. La silueta humana delante de la caída de agua es referencia del tamaño de la obra.
Foto tomada de www.rionegro.com; parte de la colección digital privada del Prof. Eduardo R Palermo

El principal prodigio constructivo de la época fue la represa de Cuñapirú, ubicada en las proximidades de la represa de Barrial Posada y cuya construcción comenzó en 1880 culminando en 1881. Fue la primera represa hidroeléctrica de América del Sur, inaugurándose en 1882. En aquel entonces esta zona formaba parte de Tacuarembó, ya que Rivera, como departamento surgió el 1° de octubre de 1884. Fue construída para la compañía francesa “Minas de Oro del Uruguay”, por el ingeniero Clemente Barrial Posada.

La represa tenía 314 metros de largo; correspondientes a 89 y 200 metros de tabique de contención a los lados y 25 metros centrales que alojaban compuertas de 5 metros de altura.

Guías De Compuertas - Foto: Panoramio - Javi Valles

El lago artificial almacenaba 3 millones de metros cúbicos, y alimentaba primero a 3 y luego a 5 turbinas de 150 caballos de potencia cada una (un total de unos 550 KWH). Una de las turbinas estaba destinada exclusivamente a dar energía a todo el emprendimiento. A plena producción se podían llegar a moler 150 toneladas de cuarzo por día.

Con la fuerza del agua no sólo generaba electricidad para abastecer las localidades mineras de San Gregorio (que nada tiene que ver con San Gregorio de Polanco) y Corrales, sino que movía un mecanismo para moler el cuarzo traído tanto desde Santa Ernestina (por medio de un tren jalado por una locomotora apodada “La Clotilde” que arrastraba cuatro vagonetas delante y cuatro detrás) como desde el poblado minero San Gregorio, distante 12 kilómetros (a través de un aerocarril compuesto por 270 vagonetas, 104 torres emplazadas a distancia variada según la topografía y de 11700 metros de extensión, cuyas torres aún hoy se pueden ver).

La fuerza motriz para hacer funcionar dicho aerocarril, también provenía de la represa.

Ruinas de la edificacion principal - Foto: Panoramio - Marcirio Dias Leite

Mientras tanto, la vía de “La Clotilde” incluía 6 kilómetros de vías, 15 alcantarillas y un puente (sobre el arroyo San Pablo), en una época en la que el ferrocarril sólo llegaba hasta Paso de los Toros (A Rivera llegaría 10 años después).

Generó electricidad durante 36 años, hasta noviembre de 1918, cuando murió el técnico alemán que la operaba.

Las inundaciones de 1959 rompieron el dique de contención, dando lugar a que la usina se clausurara definitivamente.

Edificio Administrativo de la planta de generación y molienda Foto: Panoramio - Marcirio Dias Leite

El edificio tenía 100 m de largo por 30 de ancho. Actualmente se encuentran aún parte de las oficinas y alojamientos, las compuertas, las turbinas y un aljibe que aún sigue brindando agua potable.

Fiesta, prostitución, derroche de dinero, o más bien de pepitas y onzas de oro, son la norma de los centros mineros. Acá no fue diferente. Pero el tiempo no dejo rastros de tal grandiosidad, las estructuras yacen derruidas.

Compilación: LDI

martes 17 de noviembre de 2009

El Cerro de los Rocha

Cerro de los Rocha; al pie la Ciudad de Castillos; al fondo Valizas y la duna del Cerro de la Buena Vista.

por Néstor Rocha

El cerro de los Rocha se ubica unos 3 o 4 kilómetros al norte de la ciudad de Castillos. Según Orestes Araujo, en su Diccionario Geográfico editado en septiembre de 1900, el nombre Cerro de los Rocha se asignaba a “un eslabón importante de la Sierra de los Difuntos que corre paralelo al mar, a 10 kilómetros de la costa, conocido hoy con el nombre de Cuchilla o Sierra de los Rochas, que es lo que geográficamente llaman los marinos Cerros de Navarro”.

Y agregaba Araujo “el principal de ellos recibe la denominación de cerro del Tigre, que se lo da una cueva, caverna o salamanca que existe en él”

Es un hermoso lugar, singular por su belleza; una atalaya que permite observar y tener un amplio dominio visual hacia los diferentes puntos cardinales; desde el Cerro de los Rocha y la Cueva del Tigre, se observan a simple vista las Lagunas de Castillos y Negra, los extensos palmares y así sucesivamente los diversos paisajes de la región hasta el punto imaginario del encuentro del cielo con la tierra.

EL LABOREO DE LA TIERRA

Este lugar está conformado por numerosas pequeñas empresas rurales familiares, particularmente de laboreo de la tierra. Históricamente se han dedicado al cultivo de la papa, boniato, maíz, sandías, porotos y zapallos entre otros tipos de cultivos.

Los pobladores del lugar han encontrado mientras trabajaban la tierra numerosas boleadoras, trabucos y monedas de plata de la época colonial.

LOS POBLADORES

Las primeras casas fueron de piedra o de terrón quinchados con paja o hojas de palma butiá; posteriormente se construyeron con ladrillos. La vivienda más cercana a la Cueva del Tigre perteneció al hogar formado por José Tomás Rocha y Honorata Rocha. Estaba a una distancia de unos 200 a 300 metros. Allí además existió una manguera o corral de tunas para el manejo del ganado.

Hay quiénes sostienen que estas construcciones son de la época colonial y recurrentemente se afirma que podría tratarse de la Guardia de Navarro, dado que desde este lugar se domina una amplia región, permitiendo una eficaz vigilancia.

Los sostenedores de este argumento señalan que antes de llamarse Cerro de los Rochas se le llamó Cerro de Navarro.

La tradición oral comenta que la casa de la familia Tomás y Honorata Rocha la desarmaron piedra a piedra “porque en las noches aparecía una luz y por otras historias calculaban que había plata. La gente escarbaba para buscar, iba hasta gente del pueblo” afirmó don Adenor Rocha, vecino del lugar.

Cerro de los Rocha y Cueva del Tigre.

El nombre de Cerro de los Rocha surge a consecuencia del asentamiento de una numerosa familia de apellidos Rocha. Se especula que el primer poblador fue Joaquín Manuel Da Rocha, luego vinieron Joaquín Cipriano Da Rocha, Luciano Quintín Da Rocha y Elciria Da Rocha entre otros, provenientes de San Pedro de Río Grande del Sur, Brasil. El apellido se castellanizó y pasó a ser solamente Rocha.

Hoy se recuerdan algunos nombres de descendientes de las primeras familias Rocha radicadas en el lugar: Honorato, Damasceno, Leonino, Tiburcio, Silverio, Genaro, Liberato, Ana, Gregoria, Evangela, Gervasio entre otros, progenitores de muchos de los Rochas afincados en el paraje de la Cueva del Tigre, en Castillos y otros lugares de la región.

LA ESCUELA Y EL PALMAR

Dos de estos nombres dieron un aporte muy importante a la zona del Cerro de los Rocha.

Por un lado Gervasio Rocha, que donó una fracción de campo para la construcción de la hoy Escuela del Cerro de los Rocha Nº 20. Rosalina Rocha Funes que nació y creció en el paraje recuerda su vida escolar: “en el año 1930 fui a la Escuela del Cerro de los Rocha, tendría unos ocho años. Las primeras maestras de este centro de enseñanza fueron en este orden: María Terra, Felicia Terra y Julieta Pereyra Romay. Las clases se dictaban en la casa de Don Gervasio Rocha que luego donó el predio para que se construyera la Escuela, esto fue en la década del 1920, concurrían unos ochenta alumnos y los atendía una sola Maestra que daba las clases de 1º, 2º, 3º y 4º año.” Esta Escuela en muchas ocasiones organizó las fiestas de fin de curso en la Cueva del Tigre.

Por otro lado, otro lugareño, Tiburcio Rocha, con paciencia elogiable recogió las pequeñas palmeras butiá de las parcelas de tierra donde se iban formando chacras y otras que él consideraba que sufrían riesgos de supervivencia. Así formó un palmar de una hectárea de extensión aproximadamente que hoy lo conocemos como el “palmar de Tiburcio”.

LOS OTROS APELLIDOS

Con el tiempo, en este paraje se fueron asentando familias de apellidos Rivero, Decuadro, Cardoso, San Martín entre otras, que con los Rocha aumentaron y dieron diversidad a las familias del lugar y aferrados a la tierra. Esta comunidad tuvo una activa vida social: por ejemplo los días sábados se organizaban bailes en las casas de familias. Rotándose los referidos días en distintos hogares, se disputaban carreras de caballos o pencas.

También existieron comercios y pudimos rescatar que Feliciano Rocha en las décadas de 1920 a 1930 tuvo almacén y un taller de zuequería, y que Tenencio Decuadro fue propietario de un almacén de ramos generales. Numerosos vecinos elaboraban carbón de leña para venderlo en la ciudad.

LAS CEREMONIAS RELIGIOSAS

Las ceremonias religiosas no estuvieron ausentes, hemos rescatado algunos apuntes de las distintas actividades religiosas realizadas en Castillos y su zona de influencia en las décadas de 1930 y 1940. A modo de ejemplo:

“El 14 de mayo de 1938, en horas de la mañana, se realizó una misa campal en el Cerro de los Rocha. Cumplida la misa campal se rezó por el éxito del Tercer Congreso Eucarístico Nacional, ofició misa el Cura Párroco Joaquín Freire, se oyó en esta oportunidad la renovación del juramento de las promesas hechas en el bautismo, después de la misa campal su primera comunión”.

Otro ejemplo de apuntes de actividades religiosas: “El 27 de junio de 1941, detrás del Cerro de los Rocha se realizó una misa campal dirigido por el cura párroco Hermenegildo Carbini y se bautizó a más de veinte personas entre niños y adultos, en la casa de campo de Don Pedro Rivero”.

LOS FOGONES

Dos de los hijos de Liberato Rocha, Antoñito y Dorito, durante mucho tiempo armaron y encendieron enormes fogones en la cima de la Cueva del Tigre en las Noches de San Juan, San Antonio y San Pedro. Rosalina Rocha lo recuerda de esta manera: “Siempre hacíamos fogatas sobre el cerro con mis hermanos, especialmente en la noche de San Antonio, por mi hermano. Todo el mundo hacía hogueras y era un espectáculo muy hermoso, lo armábamos con pencas de las palmas y leña del monte, cantábamos y bailábamos y bajábamos encandilados por la tanta luz, la noche se transformaba en una oscuridad impresionante”.

EL TIGRE

A través de la historia oral, el nombre de Cueva del Tigre surge a consecuencia de que en el referido cerro se guareció un yaguareté, a los que por estas zonas llamaban tigres, en un gran hueco formado por la superposición de enormes piedras. Este felino de hábitos nocturnos, solitario y hábil trepador, causó estragos en la zona, particularmente con el ganado vacuno y tuvo en jaque a los vecinos del lugar.

Don Adenor Rocha, de 81 años a finales del siglo veinte cuando lo entrevistamos, nos respondió que nació, creció y formó su hogar en la zona y fue productor rural toda su vida en este lugar. En su relato afirmó: “Muchos cuentan o trazan la historia del tigre de distintas formas. Los vecinos salían con armas, lazos y el tigre no aparecía, salía de noche o en tardes de tempestad. Había un negro esclavo llamado Joaquín Da Rocha, apodado “Barbate”. Llevaba el mismo nombre que su “dueño” y se había ofrecido a enfrentarse al animal; ante esta voluntad lo mandaron matar al tigre, le envolvieron un poncho de paño en un brazo y le dieron un gran facón”.

Adenor afirmó que “Logró matar al tigre tras una lucha encarnizada y cuando Barbate llegó a las casas no se sabía que color era, magullado y arañado por todos lados. Fue dura la lucha, de cuerpo a cuerpo, esto fue después de 1870 según me dijeron”.

Existen distintas historias al respecto, optamos por Adenor Rocha en virtud de su edad y vínculo con el paraje, por ser uno de los descendientes directos de aquellos protagonistas y conocedor de este hecho a través de sus mayores. Aceptó en la oportunidad del reportaje que esta historia la cuentan de distintas formas, pero el punto coincidente es la presencia y la lucha con el tigre o yaguareté, pero relatado con otros ingredientes.

DIFUNDIDO EN EL PROGRAMA PUNTO AZUL DE CASA AMBIENTAL EN ESTEÑA FM 103.1 Contribución con Mi Uruguay de: NÉSTOR ROCHA

sábado 14 de noviembre de 2009

La Garza Bruja

Garza Bruja - foto: Mike Baird
La Garza Bruja, -mucho menos conocida en nuestro país como “garza zorro” o “zorro de agua” debido a su onomatopeya ronca “guac, guac” muy parecida a la del zorro-, es un ave cuya distribución se extiende a los ambientes acuáticos de todo el territorio.

Se la califica como residente común, y es relativamente fácil de encontrar incluso en ambientes antrópicos abiertos. Durante las noches, en recorridas por zonas iluminadas de la rambla montevideana, con mirada atenta es fácil descubrirla parada de pie, en rocas frente al agua, lo que denota su fácil adaptación a estos ambientes antrópicos.

Frecuenta los más diversos hábitats, pero demuestra preferencias por márgenes de ríos y arroyos donde es una gran pescadora, o por lagunas y pantanos con arboledas aledañas. Por lo general allí permanece oculta en los pajonales, reconociéndosela por su grito estridente.

Garza Bruja en un ambiente típico, aunque no exclusivo - Foto: Panoramio - Gabriel_A_R

Se alimenta principalmente de peces, sapos, ranas, otros anfibios y reptiles que atrapa pacientemente, o bien de algún otro habitante de arroyos y cañadones. De vuelo lento y pausado, es poco confiada, aunque recién emprende el vuelo cuando se siente realmente amenazada.

Se mueve lentamente o, incluso, se queda inmóvil largas horas con el cuello encogido, a veces a la espera de su presa. Es muy bullanguera en el crepúsculo, momento en el que realiza gran parte de su actividad; esa es la causa de su nombre común de “bruja”. A veces permanece solitaria o en lugares ocultos, como árboles. Allí mantiene un lugar estable, que es reconocido por la cantidad de guano depositado, pues depone cuando levanta vuelo.

Garza Bruja, ejemplar juvenil - Foto de www.fotonaturaleza.org

Se trata de un ave zancuda de patas cortas y porte grueso, de unos 55 centímetros, que no presenta diferencias entre el macho y la hembra. Los ejemplares juveniles sí son distintos. Mientras los adultos presentan dorso negro, alas color gris oscuro, zona ventral blanco amarillenta o plomiza, corona negro verdosa, cresta larga y blanca con patas rosadas, los juveniles son de un color blanco jaspeado con blanco amarillento. Durante el período reproductivo, los adultos presentan además dos largas plumas nucales blancas.

En épocas de reproducción se los puede ver agrupados en grandes colonias o pueblos donde producen una inaguantable algarabía. La postura la realiza desde setiembre a enero y la hembra es la responsable de la incubación. El macho permanece cerca atendiéndola hasta que nacen los polluelos. Los huevos, hasta cinco, son de un color verde azulado y miden 44 por 33 milímetros.

La distribución alcanza a todas las Américas hasta Canadá inclusive. Se la conoce como Garza Bruja en Uruguay y Argentina. A lo largo del continente se la conoce también como Cuaco, Martinete Común, Martinete Coroninegro, Garza Nocturna de Corona Negra, Garza Solitaria, Hocó y hasta Pájaro Bobo.

http://www.patrimonionatural.com/HTML/especies/aves/garzas/garzabruja.asp http://garzabruja-p-e.blogspot.com/ http://www.viarural.com.ar/viarural.com.ar/guia-de-aves/ardeidae/garza-bruja.htm

jueves 12 de noviembre de 2009

La Fiebre del Oro 2da. Parte
Santa Ernestina: Pueblo Fantasma

Restos de la Iglesia de Santa Ernestina - Foto: Panoramio - Hugo López

Al fundarse la “Compañía Francesa de Minas de Oro del Uruguay”, se formaron dos centros de actividades: el de máquinas, sobre el arroyo de Cuñapirú, y el de trabajos mineros, en Santa Ernestina, una villa desaparecida que estuvo a punto de ser capital departamental, de profusa vida nocturna, una referente del fin de siglo XIX para el norte del país y que vivió un sangriento alzamiento obrero, un cocktail que cuesta imaginar hoy día.

Los hermanos Birabén, copropietarios, habían tenido discordias con el directorio de Europa, por lo que se separaron y fueron a explotar otras minas en la región de Corrales, obteniendo, a ese efecto, dos concesiones: una en la margen derecha y otra en la izquierda del arroyo Corrales.

Así se empezó a reunir gente, principalmente en la margen derecha, donde está hoy la villa con el nombre de Minas de Corrales. Allí la Compañía Minera de Corrales estableció sus almacenes, casa para el Directorio, algunas habitaciones para los peones y demás para accesorios y cosas de costumbre en trabajos de esa clase.

Poco a poco se fue formando una calle, que comprendía además pequeños negocios, lo que devino en el núcleo de la villa actual, que conserva características de entonces, como puertas de calle elevadas dos o tres escalones para evitar las crecientes.

Corrales se había levantado en campos de propiedad de Conrado F. Rucker, que había donado 2 hectáreas de terreno en el pueblo, con destino a los edificios de la Comisión Auxiliar, juzgado de Paz, Escuela, Correo y Receptoría de rentas. Un censo en la localidad levantado el 18 de julio de 1895, arrojó la cantidad de 1673 habitantes.

Entre los primeros profesionales radicados en la zona, importa destacar a Francisco V. Davison, un montevideano doctorado en Edimburgo en medicina y cirugía, que llegó a Santa Ernestina a fines del verano de 1880 junto a su esposa inglesa Ana Paker, enfermera diplomada y con grandes conocimientos de obstetricia. Ambos atendieron con celo extraordinario y enorme caudal de bondad y desinterés la salud de los mineros, de la población y campaña.

Pero para fines de los 1870, el agrupamiento urbano más importante era aún Santa Ernestina. A unos cuatro kilómetros de la represa, se trataba de un caserío desordenado pero totalmente atípico para el país, que alternaba rancheríos con arquitecturas industriales inglesas y que llegó a albergar en su auge a casi 2000 habitantes.

Santa Ernestina por 1908 Los cerros chatos riverenses se distinguen claramente en el fondo
Foto - Panoramio - RiciChris

Dada su proximidad a la Usina de Cuñapirú, allí se centraban servicios públicos y privados.

Había allí también una vida nocturna poco creíble hoy. Gracias a las jóvenes francesas cuya inmigración había sido facilitada por el Jefe Político de Tacuarembó, el Coronel Escayola, se podía disfrutar de la vanguardia musical parisina, al punto de que se llegaron a representar fragmentos de óperas.

Sangre, fiesta, prostitución, derroche de pepitas y onzas de oro. Pero el tiempo no dejo rastros de tal grandiosidad, las estructuras yacen derruidas.

En prueba a la extraordinaria opulencia de la zona, en 1884, cuando se creó el departamento de Rivera, en primera instancia se manejó instalar la capital no en la frontera sino en Villa Santa Ernestina, centro poblado de cerca de 700 residentes fijos, pero en cuyos alrededores (incluyendo Corrales) ya residían unas tres mil personas, cientos de ellos representantes de inmigrantes de varias nacionalidades.

El cementerio, (uno de los pocos supervivientes de Santa Ernestina hoy, pues apenas quedan tres edificaciones), conjunta estilos diferentes y lápidas en distintos idiomas.

Así Liebig’s en Fray Bentos (1868) y el eje de 9 kilómetros Cuñapirú/Minas de Corrales (1867/1882) se constituyeron en los dos principales polos tecnológicos de la época, muy lejos de la influencia centralista de Montevideo.

1908 - La Pulpería de Santa Ernestina
Foto - Panoramio - RiciChris

Santa Ernestina y la Primera Huelga en el Uruguay El 13 de Enero de 1880, se hizo conocer en Santa Ernestina, un nuevo sistema de paga. Estaban contratados a $ 25 por mes, y se pretendía pagarles solamente $ 1 por cada día que trabajasen, descontando así días de mal tiempo o días en que por problemas técnicos no se pudiese trabajar. El nuevo sueldo establecido por la Empresa, no fue aceptado y provocó una huelga - motín.

Se produjo una rebelión de obreros que fue reprimida violentamente, dejando como saldo un tendal de trabajadores gravemente heridos que murieron sin poder ser atendidos. Otros fueron trasladados con urgencia al Hospital de San Fructuoso (hoy Ciudad de Tacuarembó) pero, en su mayoría, no llegaron con vida.

Continuará el próximo jueves.

Parte del material editado coresponde a investigaciones del Prof. Eduardo R Palermo

Compilación desde múltiples fuentes: LDI

martes 10 de noviembre de 2009

Alberto Breccia: Historietista de Nivel Mundial

Ezra, el anticuario de Mort Cinder

Alberto Breccia (Montevideo, 15 de abril de 1919 - Buenos Aires, 10 de noviembre de 1993, día este último que ha sido instituido en Argentina como “Día del Dibujante”) fue el ilustrador del comic de ciencia ficción más importante del mundo. Así de simple.

Títulos como El Eternauta, Los Mitos de Cthulhu (basado en H.P. Lovecraft) y Mort Cinder representan sólo una parte de un trabajo de excepcional calidad.

Alberto Breccia

Contaba el recordado Roberto Fontanarrosa que Alberto Breccia dibujó hasta tres días antes de morir. Dominó de forma notable el dibujo y la composición alrededor de temas inquietantes y paradigmáticos que hicieron las delicias de los amantes del arte fantástico de todos los tiempos. Fue traducido a todos los idiomas, publicó en revistas especializadas de Europa , USA y extremo oriente y fue recreado en la pantalla cinematográfica en infinidad de copias y traslaciones. Hoy se lo recuerda y enseña en las más importantes universidades. Ignoramos por qué y cómo no se lo conoce y difunde en estas tierras.

Quizás porque su vida trancurrió casi toda en Argentina, este uruguayo es poco conocido en los ámbitos populares locales. Inició su carrera en 1938 en una revista de barrio, en Buenos Aires, “Acento”, que era publicada por sus hermanos y amigos de éstos. A principios de la década del 40 comienza a colaborar con ilustraciones e historietas en la revista Tit-Bits para la editorial Láinez, en la que trabajará por más de una década y aprenderá las primeras armas del oficio, inspirándose en autores como Burne Hogarth.

Maestro de la historieta, siempre estaba en la búsqueda de nuevas técnicas para mejorar su arte. Y aprendía de todos. Tanto de los jóvenes como de los grandes hacedores. Flexible, inteligente, ingenioso, le gustaba usar todo tipo de materiales cuando se sentaba a pintar o a dibujar. La acuarela, el óleo y el carbón, solían acompañarlo mientras le daba forma a sus muchas creaciones. Sus herramientas eran las normales, las que usan todos los pintores y dibujantes. Y las otras, las que improvisaba a cada momento su rica imaginación de creador. Los pinceles tenían su lugar. El que tanto merecían. Pero también las hojas de afeitar, los dedos, las palmas de las manos y hasta los manubrios de bicicleta. Todo era bienvenido. Todo era aprovechado. Todo tenía su valor.

A Alberto Breccia, un hombre que sentía un gran amor por su trabajo, nunca se le ocurrió ponerse límites a la hora de parir sus personajes. Le sacaba el jugo a todo lo que tenía al alcance de las manos. Buscaba que sus mundos, los que crecían con fuerza sobre el papel, tuvieran gracia, soltura y vitalidad. Antes de darle vida en 1962 a Mort Cinder, llevó adelante profundos estudios de iluminación.

En 1946 sustituyó al dibujante Augusto Cortinas al frente de la serie Vito Nervio, que publicaba la editorial Dante Quinterno en la revista Patoruzito. Con guiones de Leonardo Wadel, alcanzó una gran perfección expresiva, aunque un rotundo Breccia manifestara que "de todo aquello, nada es rescatable". Realizó también la serie del Oeste "Armas de fuego" para el mercado europeo.

Su primera gran obra fue Sherlock Time, creada a finales de los años 50 con Héctor Germán Oesterheld. La evolución que se aprecia a partir de esta obra estaría motivada en parte por la rabia que le provocaran las palabras que una noche le espetara su amigo Hugo Pratt: "Vos sos una puta barata, porque estás haciendo mierda pudiendo hacer algo mejor".

En 1960 comenzó a trabajar para la editorial británica Fleetway. En 1962 Oesterheld y Breccia crean Mort Cinder, a la que siguen Vida del Che Guevara (1968) y una nueva versión de El Eternauta (1969), que originariamente había ilustrado Francisco Solano López en El Eternauta (1957). Analizando su propia obra en 1970, Breccia dirá que "antes y después de Mort Cinder, nada".

Fantásticas retículas de "El Eternauta"

Al abordar el estudio de los diferentes tipos de línas empleadas en el dibujo de historietas, Enrique Lipszyc dirá de su trazo a pincel "Cada trazo de Breccia es una creación; juega con el colorido y la textura de la línea. Muestra, evidentemente, una técnica muy personal".

Tras realizar la Historia gráfica de Chile y parte de la Historia gráfica de la República Argentina, trabaja para revistas italianas, como Il Mago, de Milán, la cual edita Los mitos de Chtulhu (1973), una colección de adaptaciones de diferentes cuentos de H.P. Lovecraft realizada junto al guionista Norberto Buscaglia, que sorprenden por su estilo menos realista y más expresionista, que se adapta a la perfección al tono del original. Tras ello, no abandonó el campo del terror ni de las adaptaciones, ya sea de los relatos de Edgar Allan Poe o una versión-parodia del mito de Drácula (Drácula, Dacul, Vlad?, Bah..., 1984).

En 1974, El Viejo (cómo se le conocía en el mundo de la historieta), inició una duradera colaboración con el guionista Carlos Trillo, con el que realizó obras como Un tal Daneri (1974) o Nadie (1977), pero su obra más importante tras Mort Cinder llegó de la mano del guionista Juan Sasturain. Se trata de Perramus (1983). A medio camino entre las aventuras y el humor absurdo, esta obra ridiculiza y a la vez denuncia la dictadura argentina, mezclando personajes ficticios con otros reales (como el escritor Jorge Luis Borges, que, en un ejercicio de la más pura historia ficción, es galardonado con el premio Nobel, que en realidad jamás recibió) y obtuvo el premio Amnesty en 1989, en la categoría de mejor libro a favor de los derechos humanos.

De sus últimas obras, cabe destacar Informe sobre ciegos (1991), adaptación de uno de los pasajes más escalofriantes de la novela de Ernesto Sábato “Sobre héroes y tumbas”, donde Breccia capta magistralmente la atmósfera inquietante y enfermiza del texto original y logra imágenes alucinatorias angustiosas.

Entre enero y agosto de 2008 participó póstumamente, con originales aportados por el Museo del Dibujo y la Ilustración, en la muestra homenaje a la Historieta Argentina, realizada en el Centro Nacional de la Imagen, Angouleme, Francia, por iniciativa de José Muñoz.

Breccia tuvo tres hijos y todos ellos se hicieron también historietistas: Patricia, Cristina y Enrique. Este último es el que, a la postre, se convertiría en el más destacado, gracias, entre otros muchos méritos, a su serie Alvar Mayor, con Carlos Trillo, y a su colaboración con su padre en Vida del Che Guevara. Curiosamente, padre e hijo realizaron sendas adaptaciones de la vida de Lope de Aguirre, prácticamente al mismo tiempo, una para el mercado europeo y otro para el argentino.

Alberto Breccia no es sólo un reconocido maestro del dibujo y un gran artista de la historieta y el comic, fue también un genial pintor, faceta ésta menos conocida por el gran público pero no así por sus adeptos y coleccionistas. Su producción en este campo no fue muy grande, sino más bien pequeña y muy escogida.

Al igual que innovó en el dibujo, en la pintura al óleo realizó trazos magistrales y tanto trabajaba en lienzo, como en tabla o con escayola; para él los materiales y los tamaños de los cuadros no eran problema. Su obra pictórica, abstracta, fuertemente impresionista, colorida y triste a la vez, está impregnada de la sensibilidad social y de la desgracia del alma humana, que también supiera plasmar en sus grandes obras como Perramus, Informe sobre ciegos y tantas otras, es hoy día muy buscada y cotizada.

Compilación desde diversos sitios web y Wikipedia

sábado 7 de noviembre de 2009

Un Acuario en la Colonia del Sacramento

El Acuario de Colonia del Sacramento

Desde que fue inaugurado por el Ministro de Turismo en febrero de 2006 en pleno Barrio Histórico, los turistas en Colonia pueden visitar las instalaciones de un acuario de peces autóctonos que tiene por objetivo el despertar interés por nuestro patrimonio acuático elevando su cultura y educación acerca del cuidado y conservación de nuestros cursos de agua.

El mismo, fue declarado de Interés Turístico Departamental y de Interés Cultural por el Intendente de Colonia, y de Interés Turístico Nacional por el Ministerio de Turismo en resolución 592/06 , de Interés Didáctico por la ANEP , de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura y de Interés Ministerial por el Ministerio de Medio Ambiente.

Fue construido como una gran gruta dentro de un espacio de 250 metros cuadrados en cuyas paredes se recortan ventanas que posibilitan el apreciar nuestros peces en su hábitat natural, ambientados en 12 peceras o tanques con paredes de hormigón de 11 cm. de espesor de doble malla de hierro. Sus alturas son de 1 metro, lo mismo que sus anchos, siendo sus largos de entre 2 y 4 metros, con ventanales de vidrio de 20 mm. de espesor.

La gruta fue construida con capas de papel cementadas entre sí y luego pintadas para darle el aspecto de rocas.

Un pequeño arroyito con un puente de madera por el que se pasa hacia el otro lado completa el decorado del acuario, iluminado por las luces de las peceras y algunas luces de colores ubicadas estratégicamente dentro de la gruta con piso alfombrado y ambiente climatizado.

El sonido de la caída de agua y una música funcional muy suave ayudan a crear un ambiente de paz y tranquilidad que se respira dentro del recinto.

Se utilizaron todos peces autóctonos como forma de mostrar nuestro patrimonio acuático, ya que no conocemos a nuestros peces nadando: a lo sumo se conoce al pescado ya prendido en el anzuelo.

Más de 300 peces de 40 especies se encuentran actualmente en exposición con sus correspondientes letreros luminosos indicando nombre común y técnico. Pantallas LSD encima de cada pecera están brindando filmaciones e información sobre los peces que se observan debajo.

La vida de estos peces se puede mantener gracias a un sistema de bombeo y filtrado. Cada pecera tiene su bomba, su filtro mecánico y su filtro biológico.

En el filtro mecánico el agua pasa a través de guata en donde son retenidas las partículas que pueden estar ensuciando el agua, pero no retiene el amoníaco producido por los peces, el que es sumamente tóxico para la vida de ellos aún en concentraciones bajas.

El filtro biológico tiene bacterias que consumen el amoníaco transformándolo en nitrito y luego otras bacterias lo transforman en nitrato que son compuesto menos tóxicos para los peces.

Estas bacterias crecen sobre pequeños pedazos de botellas plásticas de refrescos alojados en tanques de 200 litros. Se picaron 2400 botellas de refrescos para este fin.

De esta manera el agua recircula durante las 24 horas todos los días del año.

Un compresor de aire permite a través de tubos que recorren todo el acuario el aireado del agua para aumentar la oxigenación de la misma. Los ciclos de noche y día se realizan automáticamente, pasando en forma gradual de la luz a la oscuridad.

La base de la alimentación es el corazón de vaca picado, alimentos balanceados, lombrices, maíz y pequeños peces.

Es un emprendimiento ideal para conocer los peces de nuestros ríos y arroyos y una muy buena opción para disfrutar el tiempo libre en esta ciudad.

El acuario, está abierto todos los días de 14 a 18 horas con la excepción de los martes que permanece cerrado.

Los grupos escolares tienen entrada gratis, así se fomenta conocer más a nuestros peces y un mayor cuidado a nuestro medio ambiente. La concurrencia de grupos escolares durante los meses de primavera es incesante.

Durante este año, con el aporte de biólogos de la Facultad de Ciencias y del Clemente Estable, se brindaron cuatro charlas para estudiantes con capacidad locativa colmada.

El Centro Interactivo presenta cartelería con importante información sobre nuestros peces y el medioambiente acuático, algunos de los cuales cuentan con botoneras mediante las cuales se puede conseguir información sobre ríos o clasificación de peces.

En el centro del salón unas computadoras permiten obtener abundante información sobre los peces, su anatomía, su fisiología, la clasificación de nuestros peces de agua dulce, los ríos, los ciclos del agua y del nitrógeno, la contaminación de los cursos de agua, y también una zona para aprender jugando a través de juegos didácticos.

En un Plasma de 42” se exhibe un video que resalta la importancia de la conservación del medioambiente.

El salón está ambientado con un enorme pez construido en hormigón, a través de cuya boca se baja al subsuelo en donde se pueden adquirir distintas artesanías como recuerdo del Acuario.

Y un último mensaje antes de la salida: una pecera con dos ecosistemas: uno natural, con peces, y otro totalmente contaminado por los residuos que normalmente las personas arrojan al agua. La rodean murales que muestran fotos de estos dos tipos de ecosistemas en la realidad.

El Acuario de Colonia del Sacramento se encuentra emplazado en el barrio histórico, en la calle Virrey Ceballos 236 esquina Rivadavia; su dirección web es: http://www.acuario.com.uy/

Información y fotografías suministradas por José Pedro Stagno

jueves 5 de noviembre de 2009

La Fiebre del Oro: 1ra Parte

Una torre de aerocarril minero yace volcada. Testimonio de una edad de la fiebre del oro uruguaya no muy conocida. Foto tomada de www.rionegrotodo.com, perteneciente a la colección digital del Prof. Mag. Eduardo R. Palermo

La fiebre del oro que atrajo a cientos de inmigrantes europeos a la zona de Minas de Corrales a fines del siglo XIX, dejó huellas profundas en el centro del departamento de Rivera .

El 20 de julio de 1852 –recién terminada la Guerra Grande– el empresario Federico Nin Reyes, informó al gobierno sobre la existencia de oro en Cuñapirú y de cobre en el salteño Yucujutá.

Por decreto, fue declarado primer denunciante de las minas del norte uruguayo. Pero, se necesitaba apoyo humano y material de fuera del país. «Hábiles mineralogistas, máquinas y operarios diestros» –precisaba el requerimiento.

Reglamentada la propiedad, por correspondencia particular, cedió derechos y licencia de explotación a Clemente Barrial Posada. El pionero arribó en 1867, para administrar los yacimientos de San Pablo, San Nicolás, San Joaquín, San Andrés, San Antonio, San Rafael, El Oriental, Apolo y El Abundante.

Diseñó el primer proyecto minero, tras la estela dejada por aventureros y garimpeiros. El ingenio se instaló en el paraje denominado Tres Pasos, con una pequeña represa en el Río Cuñapirú que movía una máquina para moler veinte toneladas diarias de mineral.

El cauce era allí desviado por medio de murallas, que creaban artificialmente un salto de agua que servía de motor. Según “El Eco” de Tacuarembó –de febrero de 1869– la mina mayor de San Juan «tenía un socavón de seis metros de profundidad por siete de largo y material bueno de oro a la vista».

Barrial Posada utilizó un parque de herramientas y maquinarias imprescindibles para labores de pozos, desmontes y galerías en los filones de cuarzo, que conmovió a la somnolienta Minas de Corrales.

Abrió cuarenta bocaminas en los cerros, que explotó a fuerza de pólvora. Desde allí transportaba 400 toneladas a la margen izquierda de la corriente. Una creciente fuera de álveo del río, destruyó una de las murallas e interrumpió la incipiente experiencia.

El audaz ingeniero ocupó a más de 300 obreros. Pero sus empleados no eran mineros, sino gauchos errantes, poco disciplinados para el trabajo; que lo enojaban muchísimo.

Las poblaciones mineras se han distinguido siempre por su vida errante, de migración casi permanente. Durante los ciclos de explotación activa las zonas incorporan históricamente pobladores, pero cuando esta se termina, el éxodo es casi inmediato

Y así, cerca del emplazamiento de la represa de Barriales, nació Corrales en 1878, bajo el apremio de la esperanza que llega con la noticia de haberse constituido ese año en Europa la “Compañía Francesa de Minas de Oro del Uruguay” como consecuencia del informe del ingeniero Víctor L’Olivier, que advirtió “que los aluviones californianos y los de Australia y los filones auríferos de Minas Gerais en el Brasil no pueden rivalizar en riqueza con los cuarzos de Cuñapirú”.

Continuará el próximo jueves.

Compilación: LDI

martes 3 de noviembre de 2009

El Nacimiento de Pocitos

Arroyo de los Pocitos, aproximadamente en 1900

Desde donde la calle 26 de Marzo cruza hoy entre La Gaceta y Lorenzo Pérez, corría hacia el río de la Plata un arroyo primariamente denominado “de Silva”. Eran tiempos donde pajas y juncos crecían libremente y la arena formaba altas dunas que a veces cerraban con su barra la desembocadura.

Atraídas por las aguas limpias del arroyo, las lavanderas morenas excavando “pocitos” lavaban las ropas de sus amos residentes en la ciudad amurallada. El arroyo entonces se redenominó como “de los Pocitos". Seis colonos, Sasía, Bravo, Bagena, Pereira, Acosta y de León, se afincaron en las cercanías. Un gran baldío de 21 hectáreas que se encontraba a los fondos de los predios de estos colonos fue mensurado por el gobierno en el año 1833 y tasado en $ 6 la cuadra.

Al impulso de Rafael Pastoriza, accionista de la empresa tranviaria, el 1º de enero de 1879 se inauguraba el tranvía de caballos hasta Pocitos con la intención de configurar una estación balnearia. Desde Plaza Independencia circulaba por las hoy Mercedes, Eduardo Acevedo, Rivera. Allí un ramal principal por Rivera y Comercio llegaba a la unión, el nuevo proseguía por Pereira, Berro, Guayaquí, 26 de Marzo, y Martí hasta la costa.

Para la temporada siguiente, ya existía un hotelito de madera, que fue arrasado en el 1880 y tanto por un incendio. Se disponía de 64 casillas de playa.

En las primeras temporadas, según llamativos avisos de prensa, el tram-way a Los Pocitos, Buceo y Unión, tendría un servicio diario a partir de las 4.20 de la mañana (el huso horario de entonces hacía que a esa hora estuviese ya casi amaneciendo en verano), cada 7 minutos hasta las 9.30. Desde esa hora “y por no poder ir a la playa a los rayos del sol", paraban los servicios hasta las 3 de la tarde, en que con la misma frecuencia se reanudaban hasta las 8 de la noche. Y existían nocturnos, que salían del balneario a las 9, 9.20, 9.40 y el último a las 10.20 de la noche.

Desde el Centro salía el último coche que ya quedaba en el balneario para el día siguiente a las 9.40. La tarifa, con derecho al uso de casilla, era de dos reales. Hasta los 8 años se pagaba medio pasaje. Y rezaban los volantes: "los sirvientes de las casillas atenderán y cuidarán la ropa sin percibir suma alguna”. La duración total del viaje de Plaza Independencia a la playa, era de 28 minutos.

En invierno, los tranvías mantenían sus servicios distanciados a una hora, desde la salida a la puesta del sol, lo que permitió se fuese creando en Pocitos paulatinamente una población estable.

En 1881 el gobierno nacional dictó un decreto según el cual, atento a que la población que se había formado en el paraje de los "Pocitos" no había sido autorizada oficialmente y a la irregularidad de su amanzanamiento, se disponía su regularización, resolviéndose el deslinde y la rectificación de su amanzanamiento.

Cinco años mas tarde, el 5 de mayo de 1886, quedó oficialmente inaugurado el pueblo de "Nuestra Señora de los Pocitos".

El 19 de abril de 1898, se inauguró a la altura de la hoy 26 de Marzo (entonces calle Artigas) un puente de tres arcos, que pasó a unir Pocitos con barrios linderos (Mondiola y Costa Brava) y permitió transitar hacia el puerto del Buceo.

A su vez, al final de la calle Benito Blanco, pasando Pagola, un pequeño puente de madera, -conocido vulgarmente como “puente de la Rana” por el almacén “La Rana” ubicado en su cabecera del lado de Pocitos- permitía al caminante cruzar el arroyo.

Inauguración de la temporada de playas, en la terraza que se adentraba cien metros al mar
y que sucumbió en el temporal de 1923.

En la tarde del 1 de diciembre de 1906, una comitiva de nueve tranvías inauguró la primera línea de tranvía eléctrico de Montevideo, que uniría Aduana y Pocitos.

A Pocitos se llegaba a través de la calle Pereira (tranvía 37), pavimentada con empedrado de cuñas peligroso para las primeras cubiertas; posteriormente se completó la Avenida Brasil, con empedrado tradicional de bloques, por donde circuló el tranvía 31. Bulevar España fue la última de las vías principales de acceso concluidas.

Sobre 1910, aún no abierta la Rambla, muchas casas se apoyaban en la misma playa, sobre la continuación intermitente de la calle Vidal.

Hasta el verano de 1913 rigió rigurosa separación de sexos en las playas. Para la temporada de verano del año 14, desaparecieron los sectores.

sábado 31 de octubre de 2009

Trombas Marinas en Uruguay

Tromba de enormes proporciones en base y en vertical, frente al puerto de Colonia, 1988. Al fondo de la imagen se aprecia una segunda, lejana. Dentro del puerto hubiese sido devastadora.

El 28 de enero de 1988, esta espectacular tromba aparecía a las costas de Colonia, más precisamente frente a su puerto. Si se hurga con la mirada en la fotografía, se podrá incluso ver bien atrás y a la izquierda otra tromba menos definida y mucho más distante.

Si bien estas trombas a nivel local van contra nuestra intuición en cuanto a su existencia, (las condiciones para estos fenómenos están mayormente dadas en aguas tropicales), existen fenómenos de trombas registradas en el Río de la Plata, y más aún, en plena costa uruguaya.

No existen en Uruguay registros sistemáticos, sin embargo se han conocido fenómenos recientes de este tipo el 25 de diciembre de 2006 yel 17 de febrero de 2007 nuevamente en Colonia, el 2 de marzo de 2008 a tan solo 200 metros de las costas de San Isidro, Buenos Aires y 8 de setiembre de 2008 a la altura de Nueva Palmira, Colonia. Probablemente estos episodios sean mas frecuentes de lo que nosotros pensamos, e incluso quizás las aguas más tibias del curso alto del Río de la Plata ayuden a la formación de las mismas.

Doble tromba el 2 de marzo de 2008, en San Isidro, Buenos Aires, próximo a donde comienza el delta del Paraná, frente al departamento de Colonia.

Se conocen las condiciones meteorológicas previas para la generación de trombas, pero al darse en condiciones aparentemente benignas, muchas veces no son tomadas como los fenómenos peligrosos que realmente son:

1. convergencia de vientos en bajos niveles de la atmósfera. 2. cortante vertical muy débil. 3. temperatura superior a la normal sobre el cuerpo de agua que se forme y alto contenido de humedad sobre la superficie. 4. baja presión atmosférica. 5. inestabilidad potencial en bajos niveles (gradiente de temperatura). Las trombas marinas o mangas de agua (“waterspout” en inglés), son embudos que contenienen un intenso vórtice o torbellino que ocurre sobre un cuerpo de agua, usualmente conectado a una nube cumuliforme.

Las trombas marinas se dividen en dos tipos: tornádicas y no tornádicas. Como su nombre claramente lo indica, las primeras son tornados, ya sea formados sobre el agua o formados en tierra y que pasaron luego al medio acuoso, mientras que las segundas, si bien similares en apariencia, no son tornados.

Las trombas tornádicas son justamente tornados sobre el agua, cuya formación depende de la existencia de los denominados “mesociclones”, sistemas de baja presión en la escala de 2 a 10 km, que se forman dentro de tormentas eléctricas muy severas, organizadas y persistentes, denominadas “superceldas”. Este tipo de trombas son más raras, por cuanto los tornados en general se forman en los continentes, donde la fuente de calor superficial y los contrastes de masas de aire son mayores. Los daños que produce un tornado son muy severos, por cuanto implican vientos de hasta 512 km/h (F5 en la escala Fujita.

Las trombas no tornádicas (también llamadas “fair weather waterspout” en inglés), no están asociadas a tormentas del tipo supercelda y son mucho más comunes que las tornádicas. En general se forman bajo la base de grandes cúmulus o de cumulunimbus y su severidad rara vez excede el tipo F0 en la escala de Fujita (menos de 116 km/h), aunque representan de cualquier manera un riesgo serio para la navegación. La rotación se origina desde las capas inferiores del suelo y no depende de la preexistencia de un mesociclón.

Este tipo de trombas marinas tienen una dinámica similar a otros fenómenos muy comunes, los “diablos de arena” o simplemente torbellinos de arena o de tierra, a menudo observables en playas y desiertos, aunque son más intensa. Ambos vórtices se hacen visibles donde el viento levanta partículas del suelo con relativa facilidad (ya sea arena, tierra o agua) y no podrían advertirse por ejemplo en un bosque o pradera.

De nuevo, una de las trombas del 2 de marzo de 2008, en San Isidro, ya tocando tierra.

Además las trombas marinas cuentan con una gran carta a su favor: el aire es más húmedo sobre el agua y puede condensarse al haber un fuerte descenso de la presión atmosférica, lo cual la hace visible con la forma de "nube embudo". Esta caída de presión es justamente lo que sucede en el interior del torbellino.

Fuentes: Diario La Nación, Wikipedia, Tornados en el Uruguay http://tornadoseneluruguay.blogspot.com/2009/01/trombas-marinas-tanto-en-el-presente.html Nota: a todas las fotorafías les fue mejorada la luz, pues la oscuridad reinante por el espeso manto nuboso provocaba una importante perdida de detalles en las mismas, en particular en las de San Isidro.

jueves 29 de octubre de 2009

100 Años de Aguas Fronterizas Comunes con Brasil

Fotografía autografiada del Barón de Río Branco en Petrópolis, enero 24 de 1911.

Fuente: http://www.gutenberg.org

José Maria da Silva Paranhos Junior (Río de Janeiro, 20 de abril de 1845 - Río de Janeiro, 10 de febrero de 1912) fue un diplomático e historiador brasilero conocido como el Barão do Rio Branco. El apelativo Junior le distingue de su padre: José Maria da Silva Paranhos, Barón y Vizconde del Rio Branco.

Inició su carrera política como promotor y diputado, dedicándose a las actividades diplomáticas, en el entonces Imperio del Brasil.

Fue cónsul general en la ciudad inglesa de Liverpool a partir de 1876, luego fue nombrado ministro acreditado en Alemania en 1900, asumiendo el Ministerio de Relaciones Exteriores desde 1902 hasta su muerte, en 1912. Ocupó el cargo a lo largo de cuatro mandatos presidenciales.

Recibió el título de Barón del Río Branco en las vísperas de la finalización del período imperial de Brasil; sin embargo, continuó utilizando el nombre "Rio-Branco" en su firma, después de la proclamación de la República del Brasil, en 1889. La razón de esta actitud se debió a que era un monárquico convencido y para homenajear a su fallecido padre, el senador y diplomático Vizconde del Río Branco (José Maria da Silva Paranhos).

Su mayor contribución al país fue la anexión de tres importantes territorios por medio de la diplomacia. Obtuvo una victoria sobre Francia al establecer una nueva frontera de la Guyana Francesa con el estado de Amapá, en 1900 por medio del arbitraje del gobierno suizo. En 1895 ya había conseguido asegurar buena parte de los estados de Santa Catarina y Paraná, en litigio con Argentina en el incidente conocido como la Cuestión de Palmas. Ese primer arbitraje fue decidido por el presidente estadounidense Grover Cleveland, y tuvo como opositor por el lado argentino a Estanislao Severo Zeballos, que más tarde se posesionó como ministro de relaciones exteriores y durante mucho tiempo acusó al Barón de fomentar una política imperialista. Fue el prestigio obtenido por el Barón en esos dos casos lo que hizo que el presidente Rodrigues Alves lo escogiera para el puesto máximo de la diplomacia brasilera en 1902, cuando Brasil estaba justamente envuelto en una disputa fronteriza, esta vez con Bolivia.

Bolivia intentaba arrendar una parte de su territorio a un consorcio empresarial anglo-americano. La tierra no era reclamada por Brasil, pero era ocupada casi completamente por colonos brasileros que resitían a los intentos bolivianos por expulsarlos de su territorio.

En 1903, firmó con Bolivia el Tratado de Petrópolis, poniendo fin al conflicto de los dos países por el territorio de Acre, que pasó a pertenecer a Brasil, mediante una compensación económica y pequeñas concesiones territoriales. Ésta es la acción diplomática más conocida del Barón, cuyo nombre fue dado a la capital de aquel territorio (actualmente un estado brasilero).

El Tratado Tobar-Rio Branco fue celebarado amistosamente entre Ecuador y Brasil el día 6 de marzo de 1904, en la ciudad de Río de Janeiro, antigua capital de Brasil. Tuvo por finalidad el arreglo de límites de estos dos países. Intervino por el Ecuador el Dr. Carlos Rodolfo Tobar y por el Brasil el Sr. José Maria da Silva Paranho, Barón de Río Branco.

Finalmente negoció con Uruguay el co-dominio sobre el Río Yaguarón y la Laguna Merín, esencialmente una concesión voluntaria de Brasil a un vecino que necesitaba de aquellas vías fluviales. Antes de ese tratado de límites los brasileños ejercían la soberanía dentro de ríos y lagunas, al punto extremo que se comentaba que los habitantes de Villa Artigas no podían tener siquiera canoas. Y menudo problema cuando el río crecía, alcanzaba los ranchos y los pobladores debían huir a tierras secas corridos por las propias autoridades brasileñas.

El problema se arrastraba desde 1851, cuando se celebró el tratado básico en forma ampliamente desventajosa para Uruguay, que acababa de salir de la Guerra Grande, cuya paz se firmó el 8 de octubre de 1851.

Ambos países renunciaron a ciertas pretensiones: Uruguay a los límites fijados en el acta de incorporación de 1821 y que hacían referencia al Tratado de San Ildefonso de 1777, y Brasil al acuerdo Cabildo-Lecor. Además, se estableció como base para regular los límites el “uti possidetis”, consistente en que los Estados seguirían poseyendo lo que ya poseían.

Pero en virtud de favores adeudados por ambos bandos de la Guerra Grande en su necesidad de obtener ayuda militar y económica de Brasil, el tratado establecía, además, excepciones al uti possidetis, en virtud de que ciertos propietarios brasileños en la región fronteriza tenían interés en continuar bajo soberanía brasileña, a pesar de estar en territorio uruguayo.

Se determinaron, por lo tanto, tres zonas dentro del territorio uruguayo que quedarían bajo soberanía brasileña: el Rincón de Artigas, el Rincón de Santa Victoria, y el Trapecio de Bagé. También quedaron bajo soberanía brasileña las islas ubicadas en la desembocadura del río Cuareim, incluida la isla Brasilera, la cual Uruguay objetó en 1928 que geográficamente no se encontraría en la desembocadura, sino que en el río Uruguay, y por lo tanto no debía ser brasileña. También se estableció la EXCLUSIVA navegación por parte de Brasil de la Laguna Merín y el río Yaguarón y SE CEDIÓ al Brasil una zona de media legua en una de las márgenes del río Cebollatí, a los efectos de la construcción de un puerto.

El diplomático Andrés Lamas había logrado que el Imperio del Brasil se comprometiera a intervenir en el conflicto en favor del Gobierno de la Defensa. Con la firma del tratado, Andrés Lamas pagó, en nombre de Uruguay, un pesado precio por la intervención solicitada. Además del tratado de límites, el acuerdo incluyó cuatro tratados más: de alianza, de prestación de socorros, de comercio y navegación y de extradición. Por ellos, Uruguay permitía la participación de fuerzas militares brasileñas en sus conflictos internos a pedido el “gobierno legitimo” del país, recibía un préstamo de 138.000 patacones y reconocía, a cambio, una deuda de guerra de 300.000, en garantía del pago de cual consentía en enajenar sus rentas públicas; declaraba LIBRE la navegación del río Uruguay y la de sus afluentes, aceptaba la prohibición de poner impuestos a la exportación del tasajo y del ganado en pie a Brasil y se obligaba a devolver a Brasil los esclavos que se escaparan y buscaran refugio en la República.

En 1852, con la mediación de Argentina, se lograron modificar ciertos aspectos del tratado: renuncia brasileña a la media legua y supresión del Rincón de Santa Victoria. La mayor crítica realizada por Uruguay al tratado remanente fue la exclusividad de navegación brasileña en la Laguna Merín. La política uruguaya al respecto fue tendiente a obtener la navegación de la laguna.

En 1857 se firmó un Tratado de Comercio y Navegación, en el cual se reconoció la mutua conveniencia en las relaciones entre ambos países en abrir la navegación de la Laguna Merín y el río Yaguarón, pero luego de estudios llevados a cabo por Brasil. Este tratado no fue ratificado.

Recién el 30 de octubre de 1909 se firmó el Tratado de la Laguna Merín, por el cual Brasil cedió a Uruguay la navegación libre en la Laguna Merín y el Yaguarón y, además la plena soberanía sobre la mitad de esas aguas, divididas por el criterio de la línea media, del talweg o una línea convencional quebrada según los casos.

La modificación del tratado de obras posibilitó esta obra entonces monumental, el puente Mauá

fuente: www.jaguarão.net

Y por esa razón, el Barón de Rio Branco fue homenajeado por el gobierno uruguayo, siendo utilizado su nombre para rebautizar nada menos que al antiguo pueblito de Villa Artigas, hoy ciudad de Río Branco, en el departamento de Cerro Largo, vecina de la ciudad brasilera de Jaguarão y además su nombre se repite en los nomenclátores de todo el país.

En 1909, su nombre fue sugerido para el cargo de presidente de Brasil del año siguiente pero el barón prefirió desistir de cualquier candidatura que no fuese de unanimidad nacional.Fue director del Instituto Histórico y Geográfico Brasilero (1907-1912), escribió dos libros y ocupó la silla número 34 de la Academia Brasilera de Letras.Su muerte, durante el carnaval de 1912, alteró el calendario de la fiesta popular de aquel año, dado el luto oficial y grandes homenajes que le rindieron en la ciudad de Rio de Janeiro.Considerado el patrono de la diplomacia brasilera, su nombre está inscrito como uno de los héroes de su patria, en el panteón existente en la Plaza de los Tres Poderes, en la ciudad de Brasilia.

Finalmente, el 7 mayo de 1913 se firmó una Convención modificando el límite en el arroyo San Miguel. El 20 de diciembre de 1933 se estableció el Estatuto Jurídico de la Frontera y el 21 de julio de 1972 se intercambiaron notas reversales sobre el frente marítimo a la altura de la desembocadura del arroyo Chuy.

El 31 de diciembre de 1930 los antagonismos quedaban definitivamente abolidos con la inauguración del puente entre Rio Branco y Jaguarão. (Postal brasileña de la época) fuentes principales: http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_Oriental_del_Uruguay; http://es.wikipedia.org/wiki/Bar%C3%B3n_del_R%C3%ADo_Branco; colección de fotos de la construcción e inaguración del Puente Mauá en www.jaguarão.net

martes 27 de octubre de 2009

La Península Timoteo Ramospé

Un sauce llorón a orillas de la península se apoya en las aguas del río.
Foto: Panoramio - Marianina Barletta

La península Timoteo Ramospé, es el producto final de una modificación positiva a lo largo de casi un siglo de un paisaje natural, un hecho que no siempre es posible lograr cuando se emprenden modificaciones que atentan contra de la voluntad de la naturaleza.

Remontándose al siglo pasado, la península no ofrecía el aspecto que tiene hoy; es más, no era siquiera una península. Se trataba de un sitio de características inaccesibles, de tupida vegetación, en el que abundaban matorrales espinosos y peligrosos tembladerales hacían riesgosa su penetración. Era concretamente una isla, rodeada enteramente por el río, un recinto ideal para maleantes y contrabandistas, principalmente de origen porteño.

Muchos lectores ya estarán preguntándose dónde se encuentra el sitio al que referimos, conocido anteriormente como “Isla del Puerto”, cuyo arrendamiento, en setiembre de 1874, fue subastado en remate público a razón de un peso por mes.

El puerto de la Ciudad de Dolores visto desde la península, creación de Ramospé
Foto: Panoramio - Moryarti

Para 1903, el Comisario de Dolores (cuyos anales fundacionales como San Salvador pueden llegar a remontarse a 1574, a cargo del Adelantado Juan Ortiz de Zárate), hizo saber a los vecinos carentes de recursos que tuvieran animales, que se había destinado la isla del puerto para pastoreo en forma gratuita. Pero continuaba siendo un lugar inhabitable.

Pero nació desde un vecino de la localidad, la idea de convertir la isla en un paseo público, de modificar su paisaje y acondicionarlo para concebir un lugar de esparcimiento para todos los doloreños. Fue Timoteo Ramospé, quien en el año 1913 tuvo la iniciativa de transformar la isla en un paseo público con jardines, caminos y fácil acceso.

Desarrolló una prolífica labor contraatacada por las frecuentes crecientes del Río San Salvador, que destruía en horas el esfuerzo de largos períodos de labores.

También existieron personas que no apreciaban el verdadero valor de los planes de Don Timoteo y pretendían ejercer una influencia negativa para que no se pudiera llevar a cabo esta obra, apoyados por algunos periódicos de la época. Sin embargo desde 1953, la Península lleva su nombre.

Una imagen satelital vale diez mil palabras: así se ven el Río San Salvador y la ex Isla del Puerto
fuente: GoogleEarth

En 1924 se logró finalmente comenzar a separar el río San Salvador de la Cañada Contreras que allí desemboca, lográndose esto mediante la fijación de estacas de árboles nativos para evitar los arrastres de tierra ocasionados por las periódicas crecientes, y rellenando los espacios con escombros y escoria del carbón de piedra que utilizaba el Molino San Salvador, quedando formada así el enlace que unió la isla a tierra firme y que hoy se llama Pasarela Schweizer.

El 11 de mayo de 1949 se conformó la "Comisión de Amigos de la Isla", encargada de velar por la conservación, embellecimiento y mejoramiento de la península.

La tarde cae sobre el puerto de Dolores, otro rinconcito escondido de Mi Uruguay.
Foto: Panoramio - Sergei Svodarenko

Desde entonces se han plantado diversidad de especies arbóreas; se parquizaron los espacios instalando mesas y bancos bien sombreados; se electrificó la zona y se construyó una rambla de acceso que hace de la península el paseo natural sobre el río por excelencia de la Ciudad de Dolores.

Extractado por LDI desde Wikimapia

sábado 24 de octubre de 2009

Francisco Álvarez crecería más de 20 metros de altura

Flor de Luehea Divaricata, Caa-obetí, Azoita Cavalho o...

Francisco Álvarez reside en Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil. En nuestro país vive en sierras, cerros y quebradas del norte y particularmente en márgenes de los ríos Negro y Uruguay, considerándose los montes de la isla Martín García, en el Río de la Plata, su área de dispersión natural más austral. Alcanza hasta 20 metros de altura, pero a nivel regional, llega excepcionalmente hasta los 30 metros de altura.

Los nombres de las plantas son difíciles de recordar: el latín no es un idioma corriente. Por eso, el ingenio popular creó una terminología doméstica, afectiva y fácil. Sin embargo, parece llegar demasiado lejos el hecho de ponerle a un árbol nombre y apellido, pero en este caso es efectivamente así.

Francisco Álvarez. Se destaca su gran porte.

Su nombre científico es Luehea Divaricata, nombre que recuerda al botánico alemán C. Van Lühe.

Es un árbol fácil de distinguir. Su madera es valiosa. De follaje semi-persistente pero que finalmente cae en su totalidad, su copa es redondeada, ancha, densa, de fuste tortuoso y corto, inerme, con aletas en la base; tiene ramificaciones de yemas durmientes (rebrotantes) y nudos. Su corteza es lisa, grisácea, y se agrieta con el paso de los años.

Sus hojas son simples, de bordes aserrados irregulares, de ápice agudo y de entre 7 y 9 centímetros de largo por 3 a 5 de ancho. Sus nervaduras (tres) parten de la base con tricomas dorados prominentes en el envés; la cara superior es glabra y el revés pubescente y blanquecino; por lo que en primavera y verano, cuando predomina el colorido verde de su follaje, el viento se encarga de resaltar el color blanquecino del revés de las hojas. En otoño el follaje adquiere color grisáceo.

Hojas y frutos de un Francisco Álvarez

Sus flores nacen en el correr del verano y comienzo del otoño, de sépalos verdes, sus corolas son rosadas, de 2 a 3 centímetros de largo, de centro amarillo y estambres notables.

Su fruto es seco, grisáceo verdoso y leñoso, con tricomas finos en toda la superficie exterior. Son cápsulas dehiscentes largamente oblongas, de unos 3 centímetros de largo, que al madurar, se abren en un extremo en cinco partes dispersando las semillas que, en tierra de mantillo protegidas del sol, crecen con facilidad. El número de semillas por kilogramo puede superar las 200.000

Las ramas nuevas son leñosas; se renueva con brotaciones vigorosas del tronco. Fuente: Flora Indígena del Uruguay (J. Muñoz - P. Ross - P. Craco) Ed. Hemisferio Sur http://www.lanacion.com/ es.wikipedia.org/wiki/Luehea_divaricata

jueves 22 de octubre de 2009

130 Años de la Desaparición de José Pedro Varela

José Pedro Varela (Montevideo, 19 de marzo de 1845 - ídem, 24 de octubre de 1879) fue un sociólogo, periodista y político de Uruguay, hijo de Benita Gumersinda Berro y Jacobo Dionisio Varela, y casado con Adela Acevedo.

José Pedro Varela

Inició su actividad periodística a los 20 años de edad (1865) en un periódico de moda y novedades literarias llamado “La Revista Literaria”, publicando, entre otros artículos, “Los gauchos”, en el que expresa su visión urbana y europeizada sobre los habitantes de la campaña de aquel entonces.

En 1867 realizó un viaje a París —casi obligatorio para su época y condición social— donde visitó al poeta Víctor Hugo. Poco después viajó a los Estados Unidos donde conoció al político y escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien despertó su interés por los temas de la enseñanza, comenzando desde entonces una serie de investigaciones, trabajos y propuestas que más tarde finalizarían en la implantación de la enseñanza obligatoria por parte del estado uruguayo.

En 1868, ya en Montevideo, se dedicó a la actividad política a través del diario La Paz, que dirigió hasta 1873. Al mismo tiempo creó la Sociedad de Amigos de la Educación Popular junto a Elbio Fernández, Carlos María Ramírez y otros jóvenes de su generación.

En 1874 publicó “La educacion del Pueblo”; y en 1876 publicó “La legislación escolar”, libro donde demostraba no sólo la necesidad de una reforma escolar sino también su plausibilidad.

Para ello aportó datos estadísticos sobre la población del país, que manejó como argumentos de su tesis, siendo el primero en usar esta herramienta en la historia intelectual del Uruguay.

Varela participó de la creación de un partido radical liberal democrático (el cual luchó por el voto universal, la igualdad en los derechos de la mujer, etc.) oponiéndose a los partidos tradicionales a los que acusaba de aprovechar la ignorancia del pueblo para disputarse el poder político.

En 1876, durante el gobierno del Coronel Lorenzo Latorre, y a pesar de ser rival político de éste, aceptó el cargo de Director de Instrucción Pública, presentando un proyecto de ley por el cual el Estado uruguayo establecería la enseñanza escolar laica, gratuita y obligatoria, organizando también sus institutos reguladores y las asignaturas a dictarse. Este proyecto fue aprobado y convertido en ley el 24 de agosto de 1877 (Decreto Ley de Educación Común).

De esta forma, y siguiendo la tendencia europea de aquel entonces, el estado pasaba a tener el control de la enseñanza escolar, y con ella el de la formación intelectual del pueblo uruguayo, inculcando desde entonces una cerrada visión nacionalista y autoindulgente sobre el país, su pasado y su futuro, al tiempo que actuaba como elemento homogeneizador de la diversidad social y étnico cultural del país, y de justificador de la viabilidad histórica del mismo.

A pesar de la propuesta vareliana, la laicidad en la educación uruguaya tardaría varias décadas en llegar, ya que el Decreto Ley de Educación Común instauraba los principios de obligatoriedad y gratuidad pero no el de laicidad.

Esto fue objeto en su momento de grandes discusiones, pero el poder de la Iglesia Católica llevó a quitar el principio.

José Pedro falleció en 1879, cuando solo tenía 34 años. Su hermano Jacobo Varela se encargó de continuar con su reforma educativa.

Fuente: Enciclopedia Libre Wikipedia.

martes 20 de octubre de 2009

Habitante Peligroso: Víbora de la Cruz

A medida que se acercan las jornadas más templadas, la Crucera o Víbora de la Cruz (Bothrops alternatus) va abandonando su letargo invernal y es tiempo de que recordemos su peligrosidad. Habita generalmente en lugares bajos, áreas de bañado, esteros o pajonales, cañaverales de azúcar y arrozales. Su tamaño puede superar el metro con cuarenta, siendo las hembras más largas y más pesadas que los machos. Se reconoce con facilidad por sus diseños con forma de tubos de teléfono o "C" bordeados de amarillo o crema a los costados de su cuerpo.

No es esperable encontrar ver a una distancia que sea prudencial la mancha en cruz sobre su cabeza, la cuál le da nombre. A cada lado de la cabeza, y entre la narina y el ojo se observan dos formaciones llamadas fosetas loreales, pequeños órganos termo-receptores que captan radiaciones infrarrojas, lo que le permite localizar presas de sangre caliente con gran precisión y cazar cuando cae la tarde, hora en la que abundan sus presas favoritas, y además compensa con creces su visión pobre.

Se alimenta básicamente en base a roedores, pero no hace desprecio a tucu-tucus o aves. Aún temida por el hombre, sería un error considerarla su enemiga, pues dentro de su ecosistema, es una importante controladora de la población de especies sumamente prolíficas que, sin esas intervenciones naturales, acarrearían notables perjuicios a la vegetación en general y particularmente a la agricultura. En Uruguay se dan entre 80 y 100 accidentes ofídicos anuales, dependiendo dicha variabilidad fundamentalmente a razones climáticas; 60 o 70 de esos accidentes involucran a Cruceras -que son peligrosas, pero no particularmente agresivas, sino defensivas- y a Yararás, la otra especie peligrosa y activa. El resto de los registros proviene de mordeduras de ofidios no ponzoñosos. Si bien existe una tercera especie de ponzoña peligrosa en nuestro país, las Corales, estas tienden a evitar el contacto humano y no se registran accidentes en nuestro país.

Poseedora de un veneno enérgico y eficaz, aunque raramente letal, la Crucera es temida; la mayoría de los accidentes se producen al pasar muy cerca de ella, al pisarla o al molestarla, o hurgando con la mano en lugares no accesibles a la vista, como dentro de cuevas en el suelo donde frecuentemente se refugia. La mayor incidencia de los accidentes se produce en los meses de verano y, fuera de esta estación, en los períodos de alta temperatura y humedad que se registran aisladamente en el resto del año. Estos últimos accidentes se caracterizan por ser más graves debido a que en el estado de hibernación del animal, al que recurre como modo de reducir al mínimo todas sus actividades vitales para resistir el invierno cuando este es bastante riguroso, la cantidad de ponzoña es mayor y de características diferentes. Suelen asolearse arrolladas. Para atacar se enroscan y retraen su cuello en “S” antes de lanzar su ataque. En nuestro país podría afirmarse que está distribuida prácticamente en casi todo el territorio con la excepción de las áreas urbanas y las de influencia relacionadas a la metrópolis montevideana. La hembra da a luz entre tres y veinticinco viboreznos de alrededor de veinticinco centímetros de largo entre marzo y mayo.

Algunas fuentes consultadas: http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?pid=S0303-32952004000300010&script=sci_arttext http://www.aqvaterra.com/docs/especies_venenosas_uruguay_h_combi.htm http://www.infecto.edu.uy/revisiontemas/tema11/mapbothrops.html http://www.misiones.gov.ar/ecologia/Todo/Contenido/Especies%20Misioneras/yarara.htm

sábado 17 de octubre de 2009

Un Mariposario Uruguayo: La Reserva Silvestris

La Reserva Silvestris es un núcleo zoológico dedicado a la cría y preservación de mariposas y flora nativas, así cómo de aves nativas y exóticas.

Los seres humanos desde siempre han cultivado pasión por las mariposas. Tal vez debido a sus alas resplandecientes; o quizás porque nos intriga el modo en el que llegan al mundo, a través de una metamorfosis sorprendente. O porque las mariposas están ligadas en nuestra mente a la idea de pureza, eternidad y renacimiento.

En un Mariposario se puede estar cara a cara con una mariposa y observarlas en primer plano volando alrededor, alimentándose con el néctar de las flores o con el jugo de las frutas.

Incluso se puede apreciar a la mariposa emergiendo de la crisálida, finalizando su metamorfosis de huevo a larva, luego a pupa y finalmente a mariposa adulta.

En el pasado algunos zoológicos exponían algunas mariposas muertas y larvas encuadradas que atraían al público. Aquí en cambio, pueden ser vistas vivas, en un ambiente que intenta imitar el hábitat natural de las mismas. Al contrario de la mayoría de los zoológicos, que separan al animal del observador, con malla, fosos o vidrio, el Mariposario ofrece al visitante un encuentro cercano: el visitante puede entrar en la "casa" de la mariposa y deambular en una atmósfera mágica dónde se pierde el límite entre la flora y la fauna.

La reserva funciona desde 2006 en base a una propuesta eco-turística y educativa única en Uruguay. Ha sido declarada por el Municipio de Maldonado, de interés departamental y cuenta con el respaldo de la Dirección de Fauna del Ministerio de Ganadería y Pesca.

Es un sitio de sumo interés tanto para especialistas como aficionados. En el mismo se ha logrado la reproducción de 20 especies nativas en cautiverio, alguna de ellas por primera vez.

El espacio es un predio de tres mil metros. En ellos hay construidos 4 aviarios, un mariposario, un vivero y una huerta. Hay interacción entre los visitantes, las mariposas y las aves; ya que tanto los aviarios como el mariposario son espacios amplios donde el visitante puede circular y observar directamente en su hábitat a las diferentes especies.

En los amplios aviarios se exhiben numerosas especies de aves nativas y exóticas. Allí se intenta recrear sus hábitat para facilitar la tenencia y la reproducción.

La primavera marca el inicio de los nacimientos, y el lugar se llena de cantos, reclamos y aleteares de las mariposas.

Actualmente la Reserva Silvestris cuenta con un aviario de pequeñas aves exóticas de 30 metros cuadrados; otro similar para pequeños y medianos granívoros nativos; cuatro aviarios para la cría de cardenal amarillo (especie casi extinta en libertad en nuestro país) y un aviario de 72 metros cuadrados para aves de mediano y gran porte, frugívoros y omnívoros.

Allí también se investigan diferentes especies de lepidópteros compatibles con la cría y mantenimiento en el mariposario. Actualmente hay 16 especies recolectadas de la zona.

El ciclo reproductivo de estas especies implica el cultivo de flora nativa, para lo que se cuenta con un vivero especializado.

Con más de 40 variedades de árboles y arbustos nativos, se cuida el paisajismo de caras al cultivo y preservación del monte nativo, con el fin de conservar los hábitat de la fauna autóctona. Los jardines exteriores son además un atractivo para diferentes especies que se acercan libremente, pues además allí han sido instalados dispensadores de alimento para colibríes, aves granívoras y frugívoras.

La Reserva Silvestris ofrece paseos guiados de 11 a 18 horas, siendo los momentos más convenientes para la observación de mariposas los días soleados y cálidos, en horas próximas al mediodía. También existe servicio de cafetería para quienes deseen disfrutar por más tiempo del parque.

La Reserva Silvestris se encuentra en el kilómetro 169,5 de la Ruta 10, entre las calles 46 y 49 del Balneario Buenos Aires, a mitad de camino entre Punta del Este y José Ignacio.

Fotos: Reserva Silvestris Tel. 042-774418 mail: mariposario.uy@gmail.com

jueves 15 de octubre de 2009

El Último Guazupucú

Hace 50 años Uruguay perdía una especie: el Ciervo de los Pantanos

Entrevista realizada por Néstor Rocha, difundida en el programa “Punto Azul” de Esteña FM.

50 Años de una Extinción: El Guazupucú (Ciervo de los Pantanos)

El Ciervo de los Pantanos (o Guazupucú en voz indígena) es un cérvido sudamericano cuyo hábitat son los humedales y pantanales. Viven en grupos reducidos y son preferentemente de hábitos nocturnos. A este ciervo lo indican como el de mayor tamaño de América del Sur, su piel tiende a un color rojo leonado, las partes inferiores son negras y las cornamentas de los machos no son largas, sino más bien cortas. La mudanza de las mismas se puede dar en cualquier época del año.

El color rojizo de la piel de esta especie era uno de sus rasgos distintivos.

Se lo considera el más hermoso de los ciervos autóctonos de América Latina; Rocha, rico en ecosistemas de humedales fue un ámbito natural y propicio para que abundase el Ciervo de los Pantanos o Guazupucú. En los siglos pasados, allí existió una importante y numerosa población, particularmente en los bañados que comprenden la zona de la Laguna Negra y Santa Teresa; pero el hombre blanco, con su instinto depredador por caprichos y regocijos, fue paulatinamente exterminando esta hermosa especie.

Esta narración está enmarcada en el bañado Las Maravillas o Esteros de Santa Teresa de la Laguna Negra, muy próximo a un lugar conocido como la Isla de Bastián. El nombre de esta isla forma parte de numerosas leyendas de hechos misteriosos y supo tener un Robinsón de origen lusitano llamado Sebastián, el nombre de este ermitaño por deformación dio denominación a la referida isla.

Tiempo atrás, entrevistamos al Profesor Hugo San Martín sobre una historia oral de la que tomó conocimiento a consecuencia de una investigación que venía realizando sobre esta población de ciervos. Explicó que aquí fue donde se dio exterminio a los últimos ejemplares de los Ciervos de los Pantanos no sólo del departamento de Rocha sino de nuestro país; desde este instante nunca más se detectaron en forma real y fehacientes ejemplares de esta especie. En muchas ocasiones se afirmó que se vieron a estos ciervos pero científicamente nunca se pudieron comprobar estas presencias.

San Martín comentó que por la década del 1950, los campos de la zona de la Isla de Bastián estaban arrendados por Héctor Ibáñez, conocido por el sobrenombre de “Coco”. En este establecimiento rural dedicado a la explotación ganadera, vivían y trabajaban el matrimonio conformado por Julio “Mincho” Martínez y Ulma Duarte.

“El Mincho” era un siete oficios de numerosas actividades vinculadas a los esteros que por el tiempo transcurrido pasó a formar parte misma de estos ecosistemas. La caza o captura la hizo siempre con un sentido sustentable, aunque numerosas fueron las veces que realizó tareas contrariando su espíritu “porque el patrón lo ordenó”.

El hábitat de bañados del departamento de Rocha configuró el último refugio de esta especie en nuestro país.

Ibáñez mandó a su capataz cazar Ciervos de los Pantanos. “El Mincho”, ignorante del tremendo daño que iba a causar, mató, cuereó y despojó las cornamentas de estos ciervos o Guazupucú.

El Profesor Hugo San Martín relató “estos campos eran del estado y fueron arrendados a un particular, gerente de un Banco”

“Este gran señor, digámoslo así, mandó matar a los ciervos y quizás mató los últimos ejemplares, esto fue en los años 1958 y 1959. Es el fin de millones de años de evolución; el fin de una especie que habitó nuestros campos, los bañados del este, por cientos de miles de años. Evidentemente se mataron los últimos ejemplares de los ciervos de los pantanos porque desde ese momento no se vieron más de estos animales. Hoy en el Museo de Historia Natural, hay solamente una cornamenta y un cuero con registro, número y procedencia de acá (Rocha), es terrible! Trístisima y dura realidad...”

Según narra la tradición oral, dos ejemplares juveniles podrían haber sido los últimos de la especie.

La historia cuenta que doña Ulma Duarte con instinto humano, femenino y maternal, protegió a dos cervatos que sobrevivieron a la matanza. Pero el destino de ambos fue fatal: uno murió a consecuencia de que le cayo encima del espinazo un objeto pesado que lo fracturó, mientras que el otro tuvo el mismo final a consecuencia de no haber amamantado el calostro en los primeros días de vida.

La cabeza con su cornamenta o quizás solamente esta última, igual que las pieles, dieron satisfacción al vil capricho del estanciero de exterminar esta hermosa especie para adornar el establecimiento, además de darse el lujo de obsequiar estos elementos a sus amistades.

De esta manera nunca más hasta ahora, ni en Rocha ni en el resto del Uruguay se detectó la presencia del Ciervo de los Pantanos.

Hoy, por este tipo de actitudes nos vemos imposibilitados apreciar y disfrutar de estos espléndidos ejemplares y nos limitamos a verlos a través de una fotografía o cinta de video. Obviamente es una dura lección a tener en cuenta en el camino que aún nos queda recorrer para que no acontezca lo mismo con otras especies.

NÉSTOR ROCHA puntoazul@adinet.com.uy

martes 13 de octubre de 2009

El Puente Castells y el Primer Peaje Uruguayo

El Puente Castells (inaugurado en 1858), sobre el Arroyo Víboras, en Colonia

Mediante ley del 5 de julio de 1853, la sociedad “Progreso”de Jaime Castells fue autorizada por el gobierno a la utilización de un salto de agua en el arroyo de las Víboras. El arroyo Víboras, en Colonia, nace en la cuchilla de San Salvador. Recibe los aportes de los arroyos Chileno, de las Flores y Polanco, y es eje de una de las varias sucesivas cuencas que vierten al Río de la Plata.

Próximo a la Capilla Narbona, a diez kilómetros de Carmelo, Don Jaime Castells hizo construir entonces sobre la margen derecha del arroyo un molino hidráulico con capacidad para moler hasta un máximo de 35 fanegas por día.

Al año siguiente, se autorizó a la misma sociedad la construcción de un camino (actual ruta 21) entre Nueva Palmira y Carmelo. El puente Castells (conocido también como Camacho pues ese era el apellido del propietario de dichas tierras) debería financiarse a través del cobro de “portazgo” por la misma sociedad “Progreso”.

Puente Castells y loza que lo identifica con su nombre

En este lugar se cobró por primera vez el peaje en territorio nacional. Una leyenda dice que en uno de sus muros fueron colocadas las herramientas utilizadas durante la construcción y que allí estarían hasta hoy.

El puente ha resistido siglo y medio el embate de las crecientes y el cada vez mayor tránsito pesado con sólo algunos problemas de socavación. Tiene cinco arcos de piedra, lo que lo hace pionero en el país en dicho estilo de construcción, y fue abierto a la circulación en 1858, en el mismo año en el que se inauguró el molino, y año en el que también en Montevideo comenzaron a funcionar los peajes sobre la hoy Avenida Agraciada. (Ver nota publicada el 23 de junio)

El molino, que se alimentaba desde un sólido embalse de piedra que contenía al arroyo y a través de su correspondiente canal, no funcionó durante demasiado tiempo. Pero más allá de no haber alcanzado un éxito comercial, los gruesísimos muros de la vieja edificación coronada por tejas musleras son más que sugestivos.

Durante más de un siglo y medio las aguas han luchado contra los arcos del puente foto tomada de http://ltaat.fcien.edu.uy/Ecoplata/html/body_page13699.html

Desde 1975 el Puente Castells o Camacho, ubicado en el kilómetro 262 de la ruta 21, es “Monumento Histórico Nacional”

sábado 10 de octubre de 2009

Aves Uruguayas: El Federal

Ejemplar de Federal anillado foto: Flickr - Venwu225

El Federal (Amblyramphus holosericeus) es un ave de la familia de los Icteridae, que habita en los humedales de Sudamérica, muy llamativo por su color.

Esta especie mide unos 23 cm. El pico es largo, fino y muy agudo, de color negro. Los ejemplares jóvenes tienen el plumaje totalmente negro; las plumas de anaranjado intenso primero aparecen en su pecho y garganta, después se van extendiendo hacia la nuca, la cabeza y los muslos. Su canto no es llamativo. Su onomatopeya se puede describir como un melodioso 'clir-clir-clur, clulululu', que entona con separación de segundos.

Federal en uno de sus ambientes preferidos: el bañado

Los federales se ven en casales en los humedales del sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el nordeste de Argentina; en Bolivia hay una población reducida a altitudes de no más de 600 metros sobre el nivel del mar. Fuera de la época reproductiva, suelen agruparse en lo alto de plantas o arbustos, formando grupos de hasta unos 20 ejemplares.

Mayormente se alimentan de insectos y otros invertebrados que suelen capturar entre la vegetación acuática. Complementan su dieta con semillas y frutas. Utilizan su pico a modo de martillo para abrir los alimentos.

Los federales son monógamos. Sus nidos tienen forma de taza abierta de hojas entrelazadas. Lo ubican sobre juncales, duraznillos o encima de algún arbusto, bien tejido en la vegetación. En el mismo ponen dos o tres huevos (tres es la postura más común) de color muy tenuemente celeste, casi blanco, con pintas negras.

Los muslos anaranjados son un distintivo adicional que, según la posición del ave, a veces pasa desapercibido. www.geometer.org

En época de reproducción (setiembre a diciembre) son muy territoriales. Macho y hembra defienden el territorio de cría y luego comparten la alimentación de las crías, aunque la incubación queda a cargo sólo de la hembra.

En Uruguay es un residente común al sur del Rio Negro, pero escasea al norte, registrando presencias al menos en Tacuarembó, Rivera y Río Negro. Más información sobre aves uruguayas: “El País de los Pájaros Pintados” de Gabriel Rocha, 3 tomos (ed. Banda Oriental); “Aves del Uruguay” de Adrián B.Azpiroz (ed. Graphis), disponibles en librerías.

jueves 8 de octubre de 2009

Juan José Morosoli y su "Viaje Hacia el Mar"

Juan José Morosoli

Juan José Morosoli Porrini (19 de enero de 1899, Minas – 29 de diciembre de 1957, ídem).

Es un referente uruguayo de la narrativa de la primera mitad del siglo XX. Su infancia y su adolescencia estuvieron pautadas por las urgencias económicas, que lo llevaron a hacer sólo dos años de escuela primaria y a convertirse en un autodidacta por necesidad.

A los nueve años comenzó a trabajar en la librería de su tío materno como mandadero, y después como vendedor. Hacia 1920 instaló con dos socios una pequeña provisión que más tarde se convertiría en un Café.

La ciudad de Minas, por aquellos años, pese a ser un pequeño pueblo de escasa población tenía un cierto grado de autonomía cultural respecto de Montevideo, debido principalmente a la lentitud de las comunicaciones.

En 1923 se pueden encontrar sus primeros aportes a nivel periodístico, escribiendo para varias diarios: "La Unión" de Minas y "Marcha", "Mundo Uruguayo" y "El Día" de Montevideo.

Si bien incursionó en el teatro, la poesía y otros géneros literarios, la importancia de su obra radica en su quehacer como narrador.

Especialista en el género denominado cuento corto, su preocupación principal fue rescatar a los seres anónimos concentrados en las orillas de los pueblos y en los que supo descubrir destellos de una "grandeza elemental". En este sentido era un gran conversador, observador minucioso de la geografía física y humana de su pueblo.

Entre sus obras se cuentan: “Balbuceos” (1925), “Bajo la misma Sombra” (obra colectiva publicada junto a otros escritores minuanos en 1928), “Los juegos”(1928), “Hombres” (1932) y reeditado en 1942 con modificaciones, “Los albañiles de "Los Tapes" (1936), “Hombres y mujeres” (1944), “Perico. 15 relatos para niños” (1945), “Muchachos” (1950), “Vivientes” (1953). Póstumamente se publicaron “Tierra y tiempo”(1959) y “El viaje hacia el mar “(1962). En base a este último cuento se realizaría en el año 2003 la película del mismo nombre, dirigida por Guillermo Casanova y protagonizada por Hugo Arana, Juceca (Julio César Castro) y Diego Delgrossi.

Como forma de homenajearlo se crearon en 1991 la medalla "Morosoli", símbolo del Movimiento Cultural Minuano, y en 1995, la Estatuilla y el Premio "Morosoli", Homenaje a la Cultura Uruguaya.

Hace un par de días compartíamos el viaje de Darwin desde el mar hacia Minas. Esta vez, hacemos exactamente el camino inverso, más de un siglo después, en la asombrosa narrativa de un uruguayo.

Compartimos este cuento, una pieza ya en dominio público, “Viaje Hacia el Mar”, que seguramente incentivará más al lector ávido a profundizar en la lectura de sus obras, al tiempo que reflexiona como una narración tan sencilla, puede ser ni más ni menos que reflejada y tratada con maestría para lograr con ella toda una película.

Afiche de "El Viaje Hacia El Mar"

VIAJE HACIA EL MAR

A pesar de que habían resuelto partir a las cuatro, Rataplán llegó a las tres. Era el primero en llegar.

En el café había un solo hombre, sentado al lado de la puerta, desconocido para Rataplán, lo que quiere decir que no era del pueblo.

–Buen Día –dijo aquél al entrar.

–Bueno –respondió el otro, y acercó una silla al recién llegado como si le conociera o estuviera esperándole y, tras un silencio, agregó:

–¿Madrugó, eh?

–Sí –respondió Rataplán–, estamos de viaje a la playa.

–¿A qué playa?

–¿Hay más de una?

–¡Uf!... Muchísimas. ¿No conoce el mapa?

–No señor, no lo conozco...

–Pues playas hay muchísimas...

–Habrá. A nosotros nos lleva Rodríguez. ¿No ve que nunca hemos visto el mar?

En ese momento llegaron el rengo "Siete y tres diez" con su perro, y "Leche con fideos", un hombre flaco, pálido, con una barba negrísima, de ocho días, peón de un horno de ladrillos.

Se sentaron junto a Rataplán y el desconocido. Pidieron una caña y al minuto ya estaban participando familiarmente de la conversación.

El desconocido hacía cuentos de tartamudos con los que ellos se destornillaban de risa. Fue Rataplán el que tuvo que pedirle al fin:

–No haga más, por favor... Guarde alguno para la playa...

"Siete y tres diez" se asomaba de rato en rato a la puerta, nervioso por la tardanza de los otros excusionistas.

Rodríguez y el vasco Arriola llegaron cuando ya era día claro.

Aquél –que era el dueño y el conductor del camión- descendió de éste, dejó el motor en marcha y se sumó a la rueda.

El desconocido, que advirtió la presencia de Arriola, se acercó a la puerta e invitó: –Baje, tome una caña y nos vamos.

–El día va a ser bárbaro e'calor -dijo "Leche con fideos".

–Sí, nos a sacar lonjas -respondió Rodríguez.

Con dificultad, pues estaban muy pesados de caña, los que aguardaban en el café subieron al camión. Después lo hicieron Rodríguez y Arriola y partieron.

El camión, un viejo Ford de bigotes, era uno de esos vehículos que al marchar dan la impresión de andar atravesados, con un juego de adentro hacia afuera en las cuatro ruedas que parecía comunicarse al motor por sus explosiones fuera de ritmo. O tal vez, el motor por algún milagro de la mecánica era el que imprimía a las ruedas aquel movimiento. A guisa de toldo tenía una malla de alambre tejido, pues Rodríguez lo destinaba al transporte de gallinas.

Al lado de Rodríguez -piloto por supuesto- iba el Vasco.

Rodríguez sentía pasión por el mar. Cualquier pretexto le venía bien para llegar a él. No era pescador, ni le atraía el baño en las playas. Le gustaba el mar para verlo y sentarse a sus orillas, fumando en silencio, viendo nacer y morir las olas en un callado gozo.

"Siete y tres diez" era un viejo vendedor de billetes de lotería. Toda su familia la constituía su foxterrier al que había bautizado con el nombre de Aquino –el último cuatrero– como homenaje a éste y, además, porque el perro no podía ver a la policía. Apenas veía un guardiacivil huía ladrando en señal de protesta. Esto agradaba a "Siete y tres diez". Comentándolo decía que Aquino "en eso salía a él"; además tenía la seguridad de que el can era un animal "fino, lo que se dice fino, pues tenía el paladar negro y era rabón de nacimiento" lo que indicaba una segura aristocracia perruna.

Rataplán había sido basurero y ahora estaba jubilado. Era sordo de un oído y le faltaban dos dedos de la mano izquierda. Se los había deshecho una máquina de alambrar siendo mocito. Al revés de "Siete y tres diez" su perro hubiera sido feliz siendo soldado. El apodo le venía de su costumbre de seguir al batallón en sus desfiles por las calles del pueblo, repitiendo en voz baja el sonido del tambor. El Vasco Juan era un hombre callado. Cuando no había trabajo en el horno acompañaba a Rodríguez en sus viajes a las chacras. Cuando estaba borracho -cosa que no ocurría muy frecuentemente- se le veía blasfemar e insultar a un desconocido- No se sabía de dónde había venido cuando llegó al pueblo. Los del grupo suponían que estos insultos iban dirigidos a alguien a quien había conocido antes, vaya a saber dónde, pues nunca se lo preguntaron. Sabían que no hay nada más sencillamente complicado que un vasco. Y que sólo un vasco -a pesar del alcohol- es capaz de guardar un secreto y hacerse enterrar con él.

Tomaron el camino de la sierra, el que termina en Pan de Azúcar, con sol alto ya. Fue aquí que Rataplán recordó los viajes que hacían los estudiantes y propuso que se cantara algo. Ninguno sabía canción alguna, con excepción del desconocido que sabía muchas, pero todas incomprensibles para ellos. Al fin coincidieron en Mi Bandera. Rataplán, a pesar de su parcial sordera era el que llevaba el compás con la mano y el único que cantaba. Los otros tarareaban y el desconocido imitaba un trombón. Cuando hacía una variación macarrónica, los otros reían estrepitosamente interrumpiendo el canto.

Cuando llegaron a un trozo de camino plano, Rodríguez detuvo el camión.

–Parece una bolsa de gatos –dijo. Prendió un cigarro, dió dos o tres puntapiés a las gomas del automóvil y preguntó:

–¿Y para qué cantan si no hay nadie?

–Cantamos como los estudiantes cuando salen por ahí -respondió Rataplán.

–Pero ellos cantan en la calle para que los oigan los otros -insistió Rodríguez.

El desconocido dijo entonces:

-Se canta para uno... Por cantar... a veces estoy solo y canto.

Rodriguez se dió cuenta entonces que el hombre era medio raro y recién se le ocurrió pensar por qué estaba allí con ellos, camino a la playa.

Al reiniciar la marcha se lo preguntó al Vasco.

El Vasco señaló a los que iban en el camión y dijo:

–Ellos... yo vine contigo.

–¿Ellos? ¿Y el camión es de ellos? ¿No fui yo quien invité?

–Ahí tenés.

El camión marchaba. EL sol estaba alto. Dentro sólo se oía al desconocido cantando una canción en idioma extraño, de ritmo lento y triste. Los otros, abrumados por el sol y la caña, cabeceaban somnolientos.

El camión seguía jadeando, camino adelante. Reverberaba el sol. Algún pájaro carpintero dejaba oír su grito que rasgaba la soledad. Algunos ruidos metálicos de élitros le daban a esta una dureza febril y reseca. A veces pulsaba la ardiente distancia el canto de la cigarra. Algún árbol de "Sombra de toro" se achaparraba en los flancos del camino que descendían erizados de piedra y mora y tunas "cabeza de negro". Muy lejos, en el término del camino de descenso de la cuchilla, espejeaba algún pequeño cuenco azulado, presencia de una cañada que en seguida desaparecía corriendo bajo una red de berros y espadañas, dejando como señal de su camino un trozo verde oscuro, jugoso y sedante en la pastura reseca y azufrada del resto del campo.

Llegaban ahora frente a un desuñidero de carretas. Una docena de árboles daba sombra a viejos fogones sembrados de huesos.

Rodríguez detuvo el vehículo nuevamente. Por el tubo del radiador ascendía una nube de vapor.

–Alcanzá la damajuana –ordenó Arriola. "Leche con fideos" la puso en manos del Vasco. Este la sacudió. El recipiente estaba casi vacío.

–No tiene casi –comentó éste indignado–, ¿serán tan degenerados estos tipos?

Descendió y se dirigió a los hombres:

–¡Tendría que bajarlos a patadas por sinvergüenzas! –Calló un segundo y miró al desconocido:

–¿Y a usted quién lo invitó?

–Los señores –dijo, y continuó–: yo no tomé una gota, además...

Rodríguez vació el resto de la damajuana en el radiador.

–Dale manija –ordenó al Vasco.

Este dió dos o tres vueltas a la manivela, pero el motor no despertó. Luego repitió la maniobra sin resultado.

Rodríguez, fuera de sí, se encaró con el grupo:

–Bájensen plastas –dijo.v Uno tras otro recibía la manivela y ponía mano a la obra. Tras un esfuerzo que los dejaba congestionados iban subiendo nuevamente al camión.

El Vasco volvió a recoger la herramienta. Fuera de sí, dio como veinte vueltas al hierro hasta que Rodríguez lo detuvo.

–Pará. Pará. Sos capaz de desarmarlo.

Después levantó el capot. EL Vasco, inocentemente y recordando alguna frase oída en circunstancia parecida, preguntó a Rodríguez:

–¿No estará frío?

Rodríguez se volvió "hecho una víbora":

–¿Por qué no te vas a la grandísima perra?

El pobre vasco se sentó humildemente en el suelo mientras Rodríguez levantaba la tapa que cubría el motor. Tocó aquí y allá. Destornilló tuercas, unió y desunió cables sin resultado. Entonces el desconocido se ofreció:

–¿Quiere que pruebe yo?

Tocó una pieza y se dirigió al Vasco.

–¿Me hace el favor?

El hombre dio un golpe de manija y el motor empezó a marchar.

El rengo, "Leche con fideos" y Rataplán empezaron a aplaudir. El camión siguió huella adelante.

Serían las once, acaso las doce, cuando Rodríguez advirtió que el radiador había agotado el agua, pues ya no salía vapor. Además no podía soportar el calor que ascendía del motor. No podía soportarlo en los pies.

–Tenemos que echarle agua –dijo–. No podemos seguir más.

Pero el camino seguía por el lomo de la cuchilla. Por un plano muy tendido descendía esta. Casi borradas, como cicatrices de la luz brutal, se veían allá abajo las manchas verdes de la vegetación que anunciaban al nacimiento de las vertientes.

Rataplán, parado sobre un cajón, miró hacia allá y comentó:

–Ta feo para bajar y subir con agua...

Rodríguez recordó lo de la damajuana.

–Culpa de ustedes, degenerados... Bueno –terminó– vamos a seguir despacio.

El sol ascendía implacablemente mientras la damajuana de caña descendía también implacablemente. El perro, echado en el centro del piso, jadeaba con agitación creciente.

Rataplán lo observó y comentó:

–¿No se pondrá a rabiar este infeliz?

El desconocido lo miró y exclamó:

–No tenga miedo... Mientras esté la lengua húmeda no hay peligro.

El rengo le sonrió agradecido.

Bajo un grupo de canelones al borde mismo del camino, había desuñido una carreta. El carrero había hecho fuego y aprontaba el mate. Los bueyes bajaban lentamente por el declive áspero hacia las aguadas perdidas en el espadañal del bajo.

El carrero, en cuclillas, parecía no haber visto ni oído la llegada de los excursionistas. Rodríguez bajó y se acercó al hombre:

–Buen día amigo –le dijo.

El hombre movió la cabeza. Si dijo algo, Rodríguez no lo oyó. Tras un silencio preguntó:

–¿No hay agua por aquí?

–Atrás –respondió el otro.

Rodríguez dió un rodeo y volvió a enfrentar al hombre:

–No vi –dijo.

El carrero enderezó el cuerpo, caminó unos pasos, se agachó evitando las espinas de un tala y señalando una roca hendida coronada por un coronilla retorcido señaló:

–¡Allí!

Un hilo de agua se deslizaba por la frente de la roce y caía en una pequeña hoya colmada.

Rodríguez, casi corriendo de alegría, se dirigió al grupo:

–¡Bajen! ¡Bajen! ¡Hay agua a patadas!

Bebieron todos. Después el perro. Luego refrescaron cabeza y cuello entre risas y carcajadas. Al fin empezaron a llenar la damajuana que vaciaron una, dos, tres veces en el radiador hasta que éste se enfrió completamente.

–Bueno –habló Rodríguez– ¡a bordo otra vez!

Cuando estuvieron arriba, "Leche con fideos" sintió un olor desagradable. Le preguntó al desconocido:

–¿Usted no siente olor feo?

–Siento. Hace mucho rato que siento.

Intervino Rataplán:

–Es la carne. Jiede que se las pela...

Y entonces "Siete y tres diez" dejó caer esta observación:

–¡Mire que la carne cuando jiede, jiede!

Habían andado media hora cuando divisaron una mancha negra violenta y prendida como un remiendo en el espacio dorado reverberante y como movido por una brisa que llegara desde abajo, del médano tendido.

–¡Allá es" –Dijo Rodríguez.

Los de adentro iniciaron entonces un nuevo coro lleno de desmayos e interrupciones. Iban semiacostados en el piso. Solo el desconocido, tocando su trombón y haciendo sus variaciones llenas de gracia, se mantenía en pie.

Ahora sí. Habían llegado. Al borde del monte de eucaliptos y pinos se detuvo el camión.

–Hemos pasao de todo –comentó Rodríguez– ¡pero ahora van a ver lo que es el mar! Tiró el saco y la camisa en el césped, hinchó el pecho cubierto de sudor y volvió a hablar:

–¡Esto es vida!...

Miró el mar amorosamente y exclamó:

–¡Es loco que está lindo!...

El último en bajar fue "Siete y tres diez". Apenas pudo hacerlo con el perro en brazos. Este, apenas tocó tierra, levantó la cabeza y como atacado súbitamente por alguna droga desconocida inició una carrera frenética hacia el mar. "Siete y tres diez" lo vio alejarse con estupor. Luego comprendió la razón de la fuga y salió tras de él gritando a todo pulmón:

–¡No tomés de esa que es salada! ¡No tomés que es salada!... -repetía.

Y se fue tras el perro. Entre revolcón y otro, el rengo con su marcha despareja levantaba una nube de arena. Caía grotescamente mientras seguía gritando. Al fin el rengo y los gritos se perdieron tras el médano. Los del grupo reían a carcajadas. Rodríguez, ya dueño feliz de la inmensidad, lloraba de risa.

–¡Ay, mi Dios –decía– ésto es de más!... Es de más.

Después fueron todos a la cachimba a refrescarse y traer agua.

Ya ardía el fogón. EL Vasco lavaba por quinta vez la carne descompuesta. Vieron entonces llegar al rengo con el perro en brazos. El animal aparecía hinchado, con la barriga como un odre, a punto de reventar.

–Parece un perro de goma –comentó el desconocido.

–¿Lo trajiste para aprender a nadar? –preguntó Rodríguez.

Y empezaron otra vez a reír a carcajadas mientras el rengo miraba cariñosamente al perro tendido en la gramilla.

–No se asuste -consoló el desconocido a "Siete y tres diez" –el agua salada no mata... es un purgante.

Al rato llegó un hombre del lugar. Jinete en un caballo arenero de vasos como platos, venía a ofrecerse por si necesitaban alguna cosa.

Lo mandaron al boliche por caña y vino. Todos se sentían felices. Estaban en paz. Gozaban de aquella brisa que luego del viaje accidentado y ardiente resultaba deliciosa.

Con la excepción de una discusión entre "Siete y tres diez" y "Leche con fideos", que sostenía que la guerra de 1904 había empezado después que la de 1914, a la que puso fin Siete y tres diez" generosamente dándole la razón, todo marchó maravillosamente bien.

Habían almorzado. Habían sesteado. Tomaron mate, se refrescaron en la cachimba. Conversaron. Aprontaron el mate nuevamente.

Rodríguez, luego de hablar mucho del mar, se dirigió a la costa.

Estuvo allí un largo rato, callado, abstraído. Fumando en silencio, mirando a la distancia remota, siguiendo el vuelo de las gaviotas, viendo morir y renacer las olas interminables.

Los amigos lo veían allí, sentado, quieto, solo frente al mar y la tarde que expiraba ya.

–¿Qué estará haciendo? –Preguntó "Siete y tres diez".

–Mirando el mar y nada más –dijo el desconocido.

–Sí. Pero con verlo una vez alcanza –terminó Rataplán.

Como sus amigos –los invitados para ver el mar– no venían, Rodríguez fue al fogón a buscarlos.

–Vamos... –dijo–. Los traje a ver el mar y ustedes están aquí, bajo los árboles... Árboles hay en todos lados.

Los otros no dijeron nada. Lo siguieron callados y pacientes.

–El mar –decía Rodríguez– es una cosa muy soberbia y bárbara... Para mí es un misterio que no me puedo explicar...

Los otros seguían callados tratando de saber a que conclusiones quería llegar Rodríguez. Y tratando además de explicarse por qué éste les había hecho hacer aquel viaje para ver el mar. Cierto era que ellos nunca lo habían visto, pero bien se podía comprender sin verlo que el mar es el mar.

Ya estaban frente a aquella cosa soberbia, bárbara y misteriosa –según Rodríguez–, callados, esperando cada uno la voz del otro. Caía el sol.

–¿Qué te parece? –preguntó Rodríguez a "Siete y tres diez", señalando con el brazo extendido hacia el poniente.

–Y...–respondió aquél– es pura agua... Más o menos como la tierra que es tierra... nada más que es agua...

Rodríguez sintió rabia y desilusión. ¿Aquélla era una contestación? ¿El y el mar merecían esta afrentosa respuesta?...

–¿Y si es agua qué te voy a decir? ¿Qué es tierra? –terminó "Siete y tres diez".

El Vasco se había agachado. Apretaba y soltaba el puño levantando y dejando caer puñados de arena.

Rodríguez se dirigió a él:

–¿Y a vos qué te parece?

El Vasco lo miró como si hablara en inglés.

–¿El qué? –preguntó.

–¿El qué? ¿Qué va a ser? ¡El mar!

El Vasco lentamente dijo lo siguiente:

–¿El mar?... Lo más lindo que tiene es la arena... ¡No parece arena y es arena!

"Leche con fideos" estaba por allí. Rodríguez meneó la cabeza desilusionado. Con la vista lo interrogó:

–¡Qué cantidad de agua! -dijo "Leche con fideos"-.

De lo que no me doy cuenta es para dónde corre...

Se acercó a Rataplán.

–¿Qué decís, Rataplán –preguntó Rodríguez–, es grande o no es grande esto?

–Es –respondió y volvió a repetir– es. Pero no tiene barcos... Y para mí un mar sin barcos es como un campo sin árboles... ¿Entendés lo que te quiero decir?... Pintás un campo y si no le ponés un rancho o un árbol no te representa nada...

Eso ya era algo. Rodríguez se consideró obligado a explicarle a aquel infeliz que no sabía nada del mar, algunas cosas del mar:

–Mirá: los barcos pasar por el canal. Como a dos leguas de aquí... Ahora mismo estará pasando alguno.

Rataplán trato de pararse en puntas de pie y miró en la dirección que señalaba Rodríguez.

–Yo no veo nada, dijo.

–No los ves porque la tierra es redonda...

Se disponía a seguir cuando Rataplán, con sorna, preguntó nuevamente:

–¿Y el agua es redonda también?

Rodríguez no pudo más. Se dió vuelta e inició el camino de regreso hacia el campamento.

–¡Que Dios me castigue –pensaba– si alguna vez traigo más animales de estos a ver el mar!

Obtenido de http://es.wikisource.org/wiki/El_viaje_hacia_el_mar Resumen biográfico tomado de la enciclopedia libre Wikipedia.